Por José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista
Reflexión homilética 1 de febrero de 2026
Domingo IV del tiempo ordinario – ciclo A
Posiblemente desde la creación del mundo ha habido tensión entre el reino de Dios y el reino de su enemigo. Hoy encontramos en la liturgia, de una manera u otra, este camino enfrentado entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. De todas maneras, tengamos presente la oración que Jesús nos enseñó en la que tantas veces repetimos: «Venga a nosotros tu reino», el reino de Dios.
Sofonías
Invita a caminar por el reino de Dios con estas palabras:
«Buscad al Señor los humildes que cumplís sus mandamientos. Buscad la justicia, buscad la moderación. Quizá podáis ocultaros el día de la ira del Señor».
Está claro que para este profeta lo que debemos buscar todos es el reino de Dios y su justicia.
Salmo 145
Se trata de una alabanza para los pobres en el espíritu porque a ellos pertenece el reino de los cielos:
«El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente. Él hace justicia a los oprimidos, Él da pan a los hambrientos, el Señor liberta a los cautivos».
Son los pobres de espíritu que siempre serán los preferidos de Dios. El salmo termina manifestando esa debilidad por los pobres, los cautivos, los ciegos, etc.
San Pablo
En su Carta a los corintios manifiesta cómo en la asamblea de los cristianos hay preferencia por los pobres que siguen a Jesucristo: «Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristocráticos, todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder».
Según San Pablo, Dios manifiesta su preferencia por los pobres para confundir a los que se creen importantes.
Verso aleluyático
En medio de estas diferencias entre la preferencia de Dios por los pobres y la preferencia del enemigo y sus seguidores por la grandiosidad y el poder, el Señor nos pide a los suyos: «Estad alegres y contentos porque vuestra recompensa será grande en el cielo».
Evangelio
El Evangelio de San Mateo expresa claramente la diferente visión sobre la vida del que sigue a Jesucristo y del que sigue el camino contrario.
Mientras el mundo piensa que son felices los poderosos, los que gozan, los que tienen… Jesús presenta ocho bienaventuranzas que invitan a seguirlo de cerca por un camino de limitaciones y penalidades que un día tendrá un premio que nos llenará de gozo porque «la recompensa será grande en el reino de los cielos».
Estas son las bienaventuranzas que presenta Mateo en el capítulo 5 de su Evangelio:
«Dichosos los pobres en el espíritu… dichosos los que lloran… dichosos los sufridos… dichosos los que tienen hambre y sed de justicia… dichosos los misericordiosos… dichosos los limpios de corazón… dichosos los que trabajan por la paz… dichosos los perseguidos por la justicia».
Como hemos dichos, vivir las bienaventuranzas tendrá una recompensa que hará felices a los que sean admitidos en el reino de Dios, mientras el mundo considera pobres y desgraciados a quienes carecen de lo que el mundo considera la auténtica felicidad: las riquezas, el dominio, el poder…
Invito a todos ustedes, queridos amigos, a buscar la felicidad que no termina, y a no quedar nunca enredados en las apariencias que ofrece “el mundo”.





