Por Martha Morales

Si la Iglesia ha acogido el mensaje de Fátima es sobre todo porque contiene una verdad y un llamamiento que, en su contenido fundamental, son la verdad y la llamada del propio Evangelio. “Arrepiéntete y cree en el Evangelio” (Mc 1, 15). El mensaje de Fátima, en su núcleo fundamental, es la llamada a la conversión y a la penitencia, como en el Evangelio.

Los acontecimientos que tuvieron lugar en el continente europeo, especialmente en Europa Central y Oriental, dan a esta llamada del Evangelio un significado contemporáneo.

El corazón de la Madre de Dios es el de una Madre que cuida, no sólo de las personas, sino de naciones y pueblos enteros. Este Corazón está totalmente dado a la misión salvadora de su Hijo: el Cristo, el Redentor del mundo, el Redentor del hombre (cfr. Juan Pablo II, Homilías de mayo de 1982 y mayo de 1991).

Hay unas palabras de Jesús a María, reveladas a Santa Brígida: “A todos los que por tu amor me pidan alguna gracia, aunque sean pecadores, se la otorgaré, con tal que tengan voluntad de enmendarse”.

“Dios Padre reunió en un depósito todas las aguas, y las llamó mar, y reunió en otro depósito todas las Gracias y todas las bendiciones y las llamó María”, escribió San Luis Ma Grignon de Montfort.

El Papa San Juan Pablo II, en una de sus Catequesis sobre la Asunción, explica esto mismo en los siguientes términos: «El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue glorificado después de su muerte. En efecto, mientras para los demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio» (2-julio-97).

«Contemplando el misterio de la Asunción de la Virgen, es posible comprender el plan de la Providencia Divina con respecto a la humanidad: después de Cristo, Verbo encarnado, María es la primera criatura humana que realiza el ideal escatológico, anticipando la plenitud de la felicidad, prometida a los elegidos mediante la resurrección de los cuerpos» (Audiencia General del 9-julio-1997).

 
Imagen de Chil Vera en Pixabay


 

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