Por P. Fernando Pascual

Cientos de civiles murieron en una ciudad durante un bombardeo. Terminada la guerra, hay un justo deseo de buscar culpables de esas muertes. Se crean comisiones, se estudian los hechos, se analiza si el bombardeo tenía “motivos” militares o fue simplemente un acto salvaje contra inocentes.

Es importante reconocer, a la hora de analizar hechos de pasado, cuáles fueron las responsabilidades de quienes pusieron en marcha acciones que, en algunos casos, provocaron daños enormes sobre la gente.

Por desgracia, en la búsqueda de responsabilidades se mezclan simpatías y antipatías, deseos de acusar a unos y exculpar a otros, incluso se elaboran justificaciones para atenuar las responsabilidades de quienes tuvieron parte en los hechos.

La historia, al menos idealmente, estaría llamada a analizar los documentos, escudriñar los hechos a partir de testimonios fidedignos, indicar los contextos (cercano y lejano) que explican en parte cómo se desarrollaron los acontecimientos.

Ese esfuerzo de la historia permite comprender las eventuales culpas de unos o de otros, las responsabilidades en acciones que provocaron graves daños, y los posibles encubrimientos de quienes intentaron (o intentan también hoy) disculpar a culpables y acusar a inocentes.

No resulta fácil el trabajo de los historiadores ante tantas presiones que no permiten ver los hechos en sí mismos, más allá de lo que puedan tener de positivo o negativo.

Los mismos historiadores no son inmunes a ciertas simpatías o antipatías. Un inglés que presente los bombardeos de ciudades alemanas en la Segunda Guerra Mundial tendrá no pocas dificultades a la hora de evaluar los datos en su crudeza, y las posibles “culpas” de quienes ordenaron atacar zonas donde habitaban miles de civiles.

Vale la pena, sin embargo, un sereno trabajo para conocer lo que pasó, de forma que sea posible indicar quiénes tomaron las decisiones, cómo se llevaron a cabo, y cuáles fueron las consecuencias para unos y para otros. Ese trabajo ayudará, luego, a comprender mejor las responsabilidades, las culpas y los atenuantes, y así asomarnos a hechos trágicos del pasado con una mirada más completa y equilibrada.

Imagen de ThePixelman en Pixabay


 

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