Por Rebeca Reynaud
En las bodas de Caná María intercede ante Jesús para que resuelva el problema de que, a los novios se les acabó el vino, pero aún nadie se había dado cuenta. Una comida de bodas sin vino era una afrenta. María no suplanta a Jesús, sino que su intercesión se da en relación con Cristo. María muestra compasión ante los enfermos, los afligidos y los pecadores, y acude en su ayuda. La Virgen conoce nuestras debilidades y espera que acudamos a ella.
“Por medio del Rosario se pueden conseguir todas las gracias”, decía el Padre Pío. También San Juan Pablo II pedía por las necesidades de todas las familias a través del Rosario. El Rosario no es memorizas, es meditar.
Rezar el Rosario es como ver una serie de cinco episodios. La mente se mete en el misterio mencionado y trata de imaginar lo que sucedió en ese momento.
Rezar el Rosario es la escalera más corta para llegar al Cielo, decía Carlo Acutis, y pensaba que cada Avemaría era una rosa fresca y viva ofrecida a Nuestra Madre. Carlo no rezaba el Rosario por inercia, sino con el corazón. Empieza con poco: Reza un misterio del Rosario (Un Padrenuestro y diez Avemarías).
Dijo Jesús: “cuando dos o más están reunidos en mi Nombre, allí estaré Yo”. Podemos rezar el Rosario solos, o acompañados por una o más personas. Si esa persona es de nuestra familia, el Rosario puede proporcionar una indulgencia plenaria.
María nos enseña a ser agradecidos, como vemos en su canto del Magnificat: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
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