Sabiendo que no hay recetas ni soluciones prefabricadas para los males, los pastores eméritos, Cardenales Baltazar Porras C., Diego Padrón S., y Mons. R. Ovidio Pérez M., sintetizan tres propuestas concretas y prioritarias para alcanzar el bien común, la justicia, la democracia y la libertad.
Venezuela atraviesa una hora crítica. Los acontecimientos recientes han colocado al país en una provisionalidad imprecisa, con riesgos reales de mayor fractura, arbitrariedad y sufrimiento social. En este contexto, reiteramos unos principios no negociables: la dignidad de la persona humana, la vigencia de la Constitución y la soberanía popular integral como fundamento de cualquier camino de paz.
Al frente del Gobierno está quien era la vicepresidente ejecutiva y ahora ejerce la autoridad presidencial, continuando el régimen, pero bajo una peculiar dependencia del gobierno norteamericano. Nos encontramos, pues, en una etapa de provisionalidad, todavía previa a un tránsito incierto hacia lo que el país anhela y necesita: la recuperación de la vigencia del estado de derecho dentro de una efectiva constitucionalidad, que garantice una ulterior marcha de la nación en pluralismo democrático, desarrollo económico y político de convivencia ciudadana pacífica, en un ambiente ético-cultural de respeto y promoción de los derechos humanos con un sentido humanista genuino. Esto será hacer visible y dinámica, por lo tanto, la fidelidad a nuestra mejor herencia republicana y a los valores de un pueblo mayoritariamente creyente y cristiano. Una nueva sociedad no se alcanzará como regalo de esfuerzos ajenos, sino por el trabajo inteligentemente articulado de nuestros dirigentes y de todo el pueblo desde sus medios o plataformas de participación.
En nuestra situación nacional, abierta a las más diversas expectativas y propuestas, es preciso plantearse objetivos positivos alcanzables, que apunten al bien común, conjuguen libertad y responsabilidad, y aseguren estabilidad y desarrollo compartido en justicia y solidaridad, enmarcados en un orden constitucional, y respondan a la voluntad popular del pueblo soberano y, al mismo tiempo, merecedor de mayor atención en salud, educación y justo salario.
En esta línea de reflexiones, sabiendo que para nuestros males no hay recetas ni soluciones prefabricadas, nos atrevemos a sintetizar en tres propuestas concretas y prioritarias las múltiples formulaciones del profundo anhelo compartido de convivencia nacional, que se manifiesta con más fuerza hoy, y se muestra obligante para todos, especialmente para sus autoridades y dirigentes.
- Liberación inmediata, total e integral, de todos y cada uno de los presos políticos. Liberación que implica no sólo excarcelación, sino eliminación de toda medida cautelar subsiguiente (policial, judicial o de cualquier otro género), que pudiera significar la continuidad de la actual represión. Esto responde a expresas y múltiples obligaciones, tanto de nuestra Constitución (CRBV) como de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU de 1948.
- Liberación inmediata de la hegemonía comunicacional vigente en manos del gobierno, fundamentada en los derechos antes mencionados e invocados.La libertad de comunicación se desprende inmediatamente del derecho a la vida. Vivir es comunicarse y comunicarse es vivir. Hemos sido creados libres para no dejarnos esclavizar y para ser agentes de liberación.
- Para una conducción democrática, correcta y pacífica del país, obedecer a la voluntad mayoritaria del pueblo soberano, libremente decidida y expresada el 28 de julio de 2024. Urge la esperada transición, que ha de trabajarse desde ya, sin más dilaciones que prolonguen la confusa e incierta situación actual.
La Iglesia, en medio de tropiezos y dificultades propias de los seres humanos, es, por voluntad de Dios, signo e instrumento de la unión/comunión entre todos los venezolanos y quiere servir a la reunificación nacional y a la reconstrucción moral y material del país. En consecuencia, ella desea asumir, en todos sus niveles, un serio compromiso con la reconciliación, libertad y desarrollo humano-espiritual de la nación. Esta tarea compete a todos, pastores y fieles con su dirigencia laical, desde sus propias y específicas competencias.
Artículo publicado originalmente en reportecatolicolaico.com
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 8 de febrero de 2026 No. 1596





