Por Antonio Maza Pereda
No me estoy refiriendo al brote de sarampión que estamos padeciendo en este momento. En principio, se le está dando suficiente atención. No como en situaciones pasadas. No, se trata de otro tipo de enfermedades. Las que son de la Nación, que no son solamente del gobierno, sino de la Sociedad.
Como en cualquier enfermedad, hay que partir de un buen diagnóstico, atender su curación, continuar con medidas de prevención para evitar que el mal se vuelva a reproducir y, finalmente, la reconstrucción: cómo se remedian los daños que haya causado esta enfermedad. Y esto no es tan obvio en los problemas de salud social.
Necesita un diagnóstico que requiere especialistas, lo que no es un problema difícil. En nuestro país hay suficientes personas pensantes que pueden apoyar a la Sociedad para hacer este tipo de diagnóstico, pero es necesario que el mismo venga de personas imparciales. No es deseable que lo haga el propio gobierno, porque son también parte de la enfermedad. Tal vez uno de los problemas más graves que tenemos, el enemigo de la amistad social, sea el autoritarismo.
Un modo de ser muy extendido que hay en el país, muy probablemente desde su nacimiento y desde antes aún, en los tiempos prehispánicos, donde el autoritarismo era la regla. Esto lo tenemos hoy de muchas maneras. Lo encontramos en las escuelas, en todos los niveles, por supuesto en la familia, en los trabajos, en las relaciones entre dirigentes y colaboradores, en los sindicatos, en el gobierno, en las relaciones entre los propios gobernantes y hacia la población.
Otra enfermedad es la violencia. Que se da de muy diversas maneras y no únicamente aquella que se reporta en los medios. La que encontramos en el hogar, en el trabajo, en la calle y, por supuesto, la de los crímenes mayores. Que afecta a una parte importante de nuestra población y que no se han encontrado soluciones de fondo, a corto o largo plazo. Una enfermedad particularmente compleja es la discriminación. Que se da en muchos campos, a través de la sociedad: en las familias, en las labores económicas y también a veces en aspectos de tipo religioso o educativo. Excluye a grupos completos de la población, de diferentes maneras: raciales, por edades, por sexo o por creencias religiosas o políticas. Es difícil de erradicar. Y genera estratos sociales dañados, muy difíciles de sanar, mientras no se reconozca que efectivamente existe una discriminación que impide salir de esta situación.
Tal vez la enfermedad más extendida e importante sea una irresponsabilidad frecuente. Cada vez que se le hace algún señalamiento a políticos, a empleadores, a cualquier otro grupo social, la respuesta inmediata es negar el asunto. Después, asignarle la culpa a alguien más. Y esto es algo que se está extendiendo. Claramente, no es que todos sean irresponsables, pero abundan. Y ese es un asunto mayor. Seguramente hay más de estas enfermedades que tiene nuestra Sociedad. Hay poco análisis.
La curación se deja al azar. Casi nada de prevención, y mucho menos de reconstrucción del tejido social. De poco sirve seguir echándole la culpa a los gobiernos o a distintos grupos sociales, sin entrar a una solución de fondo. Aquí hay tarea para la ciudadanía.
Publicado en Cuenta Larga
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