Por Miriam Apolinar

Bajo el horizonte del V Centenario de las Apariciones (1531-2031), la sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) en Lago de Guadalupe se convirtió en el epicentro de una profunda reflexión teológica y misionera. El Congreso Teológico Pastoral, convocado por la Pontificia Comisión para América Latina, la Pontificia Academia Mariana Internacional, la CEM y los Caballeros de Colón, reunió a la jerarquía eclesial y académicos internacionales para analizar el fenómeno guadalupano como un paradigma de evangelización inculturada.

Mensaje del Papa León XIV

Durante el primer día del encuentro, en su mensaje dirigido a los participantes, el Papa León XIV, en voz del Nuncio Apostólico en México, Mons. Joseph Spitieri subrayó que el Acontecimiento Guadalupano no puede reducirse a un hecho histórico aislado, sino que constituye un don providencial para la Evangelización de América, y desde allí también para la misión universal de la Iglesia en el mundo de hoy.

“Desde esta perspectiva, Santa María de Guadalupe es una lección de la pedagogía divina sobre la inculturación de la verdad salvífica. En ella no se canoniza una cultura ni se absolutizan sus categorías, pero tampoco se las ignora o se las desprecia: son asumidas, purificadas y transfiguradas para convertirse en un lugar de encuentro con Cristo. La Morenita manifiesta el modo de Dios para acercarse a su pueblo”, se lee en el mensaje.

Además, el Papa León XIV aclaró que inculturar el Evangelio sigue el camino de Dios, pues consiste en “entrar con respeto y amor en la historia concreta de los pueblos para que Cristo pueda ser verdaderamente conocido, amado y acogido desde dentro de su propia vivencia humana y cultural”.

Y afirmó que hoy la transmisión de la fe ya no puede darse por supuesta, especialmente en grandes centros urbanos y sociedades plurales donde Dios es relegado a lo privado o se prescinde de él.

María, mujer de la historia y modelo de discipulado

El franciscano y mariólogo Stefano M. Cecchin impartió la ponencia “El redescubrimiento de la Madre de Jesús en la Iglesia de hoy”, en la que propuso una mirada renovada sobre la figura de la Virgen. Uno de los ejes centrales de su reflexión fue distinguir entre la “María de los privilegios” y la “María de la historia”. Para el teólogo, la espiritualidad cristiana no consiste en idealizar a María como una figura lejana e inalcanzable, sino en seguir e imitar su camino concreto de fe.

Cecchin subrayó que los Evangelios presentan a María como mujer, virgen y madre, profundamente unida a Jesús desde la Encarnación hasta la cruz. Esa cercanía —explicó— la convierte en modelo auténtico de discipulado para la Iglesia de hoy.

Y advirtió que, en el contexto cultural actual, la figura femenina enfrenta múltiples cuestionamientos. Según su lectura teológica, el ataque a la mujer implica un ataque a la vida y a la familia, ya que en ella se expresa de manera singular la vocación a acoger y custodiar la vida. Por ello, sostuvo, cuando se debilita la familia, también se resiente la vida eclesial.

María: Mujer, esposa y madre

El Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga presentó la conferencia “La inculturación del Evangelio a través de María en la Iglesia de América”, en la que subrayó el papel fudanmental que tiene María como Mujer, esposa y madre.

Destacó que desde sus orígenes “María constituyó el gran signo del rostro maternal y misericordioso de la cercanía del Padre y de Cristo… fue también la voz que impulsó a la unión entre los hombres y los pueblos”.

El también miembro de la Congregación para el Clero, del Consejo Pontificio de la Justicia y de la Paz, del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales y de la Pontificia Comisión para América Latina, entre otros organismos— explicó la figura de María debe leerse también desde su dimensión humana y cultural. La describió como mujer, esposa y madre, presencia femenina que crea ambiente familiar, fomenta la acogida y promueve el respeto a la vida.

El cardenal concluyó que la relación entre María y la cultura constituye uno de los aportes más significativos del magisterio latinoamericano, ya que permite comprender la evangelización desde la realidad de los pueblos.

Para finalizar este primer día se llevó a cabo una celebración eucarística presidida por Mons. Ramón Castro, Obispo de Cuernavaca y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, quien en la conclusión de su homilía invocó a María, Reina de la Paz, como maestra de los pueblos en el camino del perdón, la justicia y la paz. Con palabras que resonaron en el corazón de los presentes, Mons. Castro recordó que “la violencia no tendrá la última palabra; la última palabra es la del amor de Cristo”.

Día 2: Acontecimiento Guadalupano: una guía vigente ante los retos sociales, culturales y espirituales

En el segundo día se recordó que el Acontecimiento Guadalupano no pertenece solo al pasado, sino que sigue ofreciendo claves para afrontar los desafíos sociales, culturales y espirituales de nuestro tiempo.

Así lo señaló el P. Jesús Pedro Alarcón Méndez, S.M. (México) en su conferencia: “El significado teológico del Acontecimiento Guadalupano”, quien dijo que Guadalupe es recepción histórica del Evangelio que remite a Cristo y conduce a un mundo habitable. “Desde esta clave, María anuncia que no sustituye a Cristo, lo revela. Todo el acontecimiento está ordenado a conducir al pueblo hacia el Dios revelado en Jesús. Guadalupe es revelación cristológica mediada por María”.

Guadalupe, guía a la Iglesia ante las crisis actuales

Por su parte, el Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México, presentó la ponencia titulada “María de Guadalupe y los desafíos eclesiológicos contemporáneos”. En ella subrayó la vigencia del acontecimiento guadalupano como respuesta a las tensiones actuales que afectan la dignidad humana y la vida eclesial.

El cardenal situó el mensaje de Guadalupe en un contexto global marcado por la polarización social, la migración forzada, los conflictos armados y la expansión del narcotráfico. Estas realidades —advirtió— evidencian que aún no se reconoce plenamente la dignidad de toda persona humana, lo que exige una renovada propuesta evangelizadora.

Guadalupe, camino de conversión

Durante la conferencia “María de Guadalupe y los desafíos eclesiológicos contemporáneos”, en la que participaron Mons. Héctor M. Pérez, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, y el Dr. Rodrigo Guerra L., secretario de la Pontificia Comisión para América Latina.

También afirmó que Guadalupe enseña una mariología inequívocamente cristocéntrica y reivindica de manera elocuente el papel de la mujer en la Iglesia y en la evangelización. En este sentido, sostuvo que el acontecimiento guadalupano impulsa a una recepción más profunda del “genio femenino” en todos los ámbitos donde se discierne, se acompaña, se educa, se sirve y se transmite la fe.

El Dr. Guerra concluyó que sin María no puede consolidarse una reforma sinodal duradera y propuso que el V Centenario Guadalupano en 2031 sea vivido como un auténtico itinerario de conversión, en preparación al Jubileo de 2033.

En su reflexión final, destacó que América necesita una fuente espiritual capaz de reconciliar memoria e historia, identidad y apertura, justicia y perdón, misión y ternura. Por su parte, Mons. Héctor M. Pérez coincidió en destacar que el mensaje de Guadalupe ilumina los desafíos eclesiológicos contemporáneos y ofrece criterios sólidos para renovar la acción pastoral de la Iglesia en fidelidad al Evangelio y en diálogo con las realidades culturales de nuestro tiempo.

Día 3: María de Guadalupe: Rostro y Corazón de un Nuevo Pueblo que camina hacia el futuro

En el tercer y último día del Congreso Teológico Pastoral sobre el Acontecimiento Guadalupano, el llamado a mirar a la Virgen como presencia viva que sigue acompañando la historia resonó con fuerza entre los participantes. Bajo el panel “María de Guadalupe: Rostro y Corazón de un nuevo pueblo que camina hacia el futuro”, Ramón Castro Castro, Obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, recordó que el Acontecimiento Guadalupano no pertenece únicamente al pasado, sino que continúa interpelando a la Iglesia y a la sociedad.

El prelado subrayó que la experiencia guadalupana constituye un método de evangelización inculturada que, en medio de las conmociones del siglo XXI, puede transformar las crisis en semillas de un mundo nuevo. La pregunta que atravesó la jornada fue profunda: ¿cómo hacer que el mensaje llegue hoy a todos con la misma frescura con la que fue recibido por Juan Diego en 1531?

En este horizonte, las palabras “rostro” y “corazón” fueron presentadas como claves para comprender la identidad de la persona y, por extensión, la misión de la Iglesia.

Desde una perspectiva cercana a la vida cotidiana, Jorge Traslosheros Hernández destacó la mirada del “católico de a pie”, aquel que acude a encontrarse con su Madre. Su intervención destacó que la riqueza del mensaje guadalupano se sostiene en la diversidad de experiencias de los fieles, todos convocados a vivir con esperanza y a aportar desde su propia historia.

Durante su mensaje final, el arzobispo primado de México, el cardenal Carlos Aguiar Retes, invitó a reconocer la ayuda divina en la vida cotidiana y afirmó que la presencia guadalupana constituye una auténtica pedagogía de inculturación de la verdad salvífica. Señaló que Santa María de Guadalupe ofrece un criterio permanente para discernir la misión evangelizadora de la Iglesia, manteniendo intacta la novedad de la acción salvadora de Dios en la historia.

La clausura del congreso, que reunió a cardenales, obispos y especialistas internacionales rumbo al Jubileo de 2031, estuvo marcada por la oración y la confianza. El cardenal encomendó a los fieles a la intercesión de la Virgen, reconociéndola como signo de salvación y esperanza para la Iglesia y el continente.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 8 de marzo de 2026 No. 1600


 

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