Por P. Fernando Pascual

Empieza una conversación. El tema inicial deriva hacia otros argumentos, y aterriza en ironías, insultos, desprecios, superficialidad. Salimos de la conversación con cansancio y algo de tristeza.

Empieza otra conversación. No arranca de modo claro, pero poco a poco se encauza hacia un tema importante que es abordado con calma, seriedad, desde el deseo de compartir informaciones y de emitir juicios que ayuden a comprender mejor el tema. Salimos con paz, incluso alegría, por haber participado en un buen diálogo.

Hay conversaciones que empobrecen y otras que enriquecen. Todo depende de quiénes hablan, de qué argumentos abordan, de cómo los tratan, de la manera en que cada uno expone y escucha.

Nos sentimos cansados, a veces incluso heridos, ante quienes hablan de modo insultante, o que calumnian gratuitamente, o que se fijan en chismes, o que pasan de una idea a otra sin ninguna lógica y con bromas de mal gusto.

Nos sentimos estimulados ante quienes hablan con educación, se fijan en matices, buscan respetar a las personas, evitan insinuaciones sin fundamento, argumentan con una sana lógica.

En las conversaciones puede ocurrir de todo. Hay quienes dominan el escenario de modo sorprendente, otros se limitan a adular y asentir, otros contradicen casi siempre, otros guardan silencio aburrido. Hay quienes invitan a la confrontación educada, hablan y dejan hablar, se abren a otros puntos de vista, muestran un auténtico conocimiento del tema desde buenas lecturas e interesantes intuiciones.

No siempre podremos orientar una conversación como quisiéramos (en familia, entre amigos, en el trabajo). A veces quienes están a nuestro lado necesitan desahogarse o anhelan comunicar ideas sencillas que llevan en su corazón. Otras veces podremos lanzar nuestros temas, sin imponernos, simplemente para ir a fondo en asuntos importantes.

Pase lo que pase en la conversación, lo importante es no dejarnos dañar por otros. Buscaremos, cuando sea posible, promover un clima sereno ante diferentes opiniones, y pensaremos lo que vamos a decir para formularlo con claridad y una buena atención a los detalles.

Luego, al final de una conversación, intentaremos dejar a un lado lo que pueda apartarnos de la verdad y de la serenidad interior, y acogeremos aquello que nos ayude a promover reflexiones y estudios que nos lleven a conocer un poco mejor este mundo complejo y fascinante en el que ahora nos toca vivir.

Imagen de Mabel Amber, who will one day en Pixabay


 

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