Por Marieli De los Ríos
Un día como hoy hace 13 años llegó un hombre cargado por el Espíritu Santo, no para dirigir sino para compartir el camino de nuestra fe.
Un hombre venido “del fin del mundo” que desafió a las cúpulas e inquietó a las bases, un hermano que sabía de “otro dolor”, de ese que hace que duela la panza por no tener que comer, y que sangren las entrañas por no encontrar a los tuyos.
El primer papa latinoamericano que no pensó, ni sintió a la Iglesia desde el poder y alejada, sino desde el olor a oveja al que todos debiéramos aspira a tener.
Francisco, hoy hace 13 años, nos demostraste que sí, que las cosas pueden ser distintas, pero hace falta parresía para hacerlas distintas.
Nos enseñaste que vivir en las fronteras es más auténtico que construir muros.
Lo que a unos nos encantó, fue motivo de escándalo para otros. El Espíritu siempre sorprende y sopla y va a donde quieras, lo supiste desde el principio.
Durante 13 años caminé contigo, me emocioné con tus gestos y tus palabras sencillas y lloré cuando el desprecio del mundo te convertía en signo de contradicción. Tus angustias fueron más mías, pero también tu esperanza y porque esta fue capaz de inundarme, hoy te sigo viendo y sintiendo y sé que no te fuiste del todo. Tu corazón de pastor se quedó con nosotros.
Hoy hace 13 años, la Iglesia en la que creó y en la que me siento parte de, se transformó y aunque aún seguimos descifrando lo que debemos hacer, querido Francisco, tu legado nos inspira y aún nos provoca unas lágrimas de consolación de vez en vez.
Gracias Francisco por atreverte a mostrar a Jesús, así como fue y no como creímos que había sido.





