Por Felipe Monroy – VC Noticias
En un momento que los analistas sociales y líderes religiosos coinciden en calificar como una «emergencia antropológica», marcada por la crisis de identidad y la fragmentación del tejido social, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) ha redoblado su apuesta por la familia como el eje central de su acción pastoral.
Así lo expuso el arzobispo emérito de León y titular de la Dimensión Episcopal de Educación y Cultura, Alfonso Cortés Contreras, durante su participación en el Congreso Internacional de las Familias (CIFAM) Monterrey 2026. El arzobispo ofreció un diagnóstico profundo sobre la naturaleza humana y el papel insustituible del núcleo familiar, al tiempo que detalló las herramientas que la Iglesia mexicana está desplegando para auxiliar a las familias en medio de las corrientes contemporáneas, como los Nuevos Talleres para Padres de Familia.
Lejos de una visión abstracta o doctrinal, Cortés Contreras planteó una antropología anclada en la experiencia cotidiana. Para el arzobispo, la fortaleza o fragilidad de un individuo se forja en lo que denominó la «tierra donde crece integralmente», es decir la familia:
«Creo que una de las aportaciones más ricas de la Iglesia es tener un concepto claro de la persona humana y también de la familia en relación«, afirmó. Según explicó, es en el hogar donde el ser humano —hombre y mujer— aprende a vivir cuatro experiencias vitales sin las cuales su identidad queda incompleta o lastimada.
En primer lugar, la experiencia de la hermandad, que describió como «la base de la amistad». En este vínculo, la persona descubre la necesidad del otro, de un «tú» para entregarse. «Ningún ser humano puede vivir sin un amigo, sin un hermano», sentenció.
Le sigue la experiencia de ser hijo, una conciencia de origen que implica «obediencia y madurez». En este punto, Cortés Contreras introdujo una reflexión de alto calado cultural: «El venerar a los padres es hacerse honor a sí mismo, una dignidad profunda».
Como contraparte natural, el ser humano está llamado a vivir la paternidad y la maternidad, una plenitud que, precisó, no se limita a lo biológico, sino que se extiende a lo espiritual, ejemplificándolo con la figura del sacerdote al que «se le llama padre». Finalmente, la cuarta experiencia es la de la nupcialidad, el ser testigos del amor conyugal de los padres.
«Son como cuatro rostros del ser humano donde se asienta su madurez, su identidad», explicó Cortés Contreras. «Cuando el ser humano tiene una vivencia sana de eso, crece profundamente como un árbol frondoso. Cuando le faltan esas experiencias o son dolorosas, es entonces cuando empieza el sufrimiento».
Ante la pregunta de cómo se traduce esta doctrina en la práctica educativa cotidiana, el arzobispo Cortés compartió una anécdota de sus reuniones con rectores de universidades y padres de familia, ofreciendo una respuesta de una sencillez desarmante pero de profundidad teológica: «¿cómo se educa un hijo? […] es reconocer su nombre, llamarle hijo. Ese reconocimiento del hijo, ese reconocimiento de esa relación vital, profunda, es una creación».
En su análisis, los padres no solo alimentan, sino que «crean» a sus hijos al validar su identidad más profunda en ese acto de reconocimiento. «Eso es el llamarle por su nombre y eso la iglesia siempre lo ha promovido, siempre lo ha respetado», subrayó. Esta perspectiva humaniza el proceso educativo y lo sitúa en el terreno de la relación y la identidad, un antídoto contra la visión utilitarista o meramente materialista de la crianza.
En el contexto de esta «emergencia educativa», término que recordó fue acuñado por Benedicto XVI, la Dimensión de Educación y Cultura de la CEM ha puesto en marcha iniciativas concretas. El arzobispo emérito destacó la evolución de los «Nuevos Talleres para Padres de Familia» , que desde 2023 han dado un giro para alinearse con el llamado del Papa Francisco a un Pacto Educativo Global.
«Este mismo proyecto de los Nuevos Talleres para Padres de Familia, pues no tienen la misma finalidad. Formar comunidades educativas, formar personas en relación, formar personas que tengan identidad, pero al mismo tiempo que tengan esa capacidad de apertura a esa nueva cultura universal, generar una cultura fraterna, una cultura en relación», detalló.
Además, mencionó la elaboración de un compendio del gran magisterio que recoge las enseñanzas de pontífices, obispos latinoamericanos, mexicanos y españoles en materia de cultura, educación, universidad y deporte. Esta herramienta busca ofrecer un marco sólido y accesible para quienes trabajan en el ámbito formativo, desde escuelas hasta parroquias.
La visión de Cortés Contreras trasciende el aula. Inspirándose en una máxima del papa Francisco, insistió en la corresponsabilidad social en la educación: «para educar a un niño se necesita toda la aldea, o sea, todos, todos debemos educar». En este sentido, lanzó un desafío a las estructuras eclesiales y sociales: «yo soy convencido que las parroquias deben ser más educadoras, que los lugares de trabajo deben educar más». El objetivo, explicó, es crear un «ambiente ecológico» donde la persona pueda desarrollar sus virtudes y dones.
En su mensaje final, Alfonso Cortés Contreras reiteró la actitud de acompañamiento de los pastores, abogando por una Iglesia que no solo señale el rumbo, sino que genere los espacios para el crecimiento humano. La meta, en sus palabras, es hacer que el ser humano «viva en un ambiente ecológico donde pueda sacar, desarrollar sus virtudes, sus dones que tiene internamente».
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