Por Cecilia Galatolo

¿Alguna vez han oído hablar de la dieta digital? Establecer una dieta digital significa favorecer una relación sana y equilibrada con las herramientas tecnológicas que usamos a diario, sin excesos ni desequilibrios, evitando dejarnos atrapar por un círculo vicioso en el que nuestros ritmos sean invadidos y dictados por el mundo digital.

Cuando las pantallas se convierten en antídoto contra el aburrimiento

Uno de los motivos por los que usamos más las pantallas es el aburrimiento. De manera muy simple, encendemos la televisión cuando no tenemos nada que hacer o miramos el teléfono cuando tenemos tiempos muertos.

Piensen en las últimas veces que hicieron fila en el médico, en correos o en cualquier lugar donde había que esperar el turno. ¿Dónde estaba su celular en ese momento: en el bolsillo o en la mano? ¿Y el de las personas a su alrededor?

Casi con seguridad, usaron el teléfono durante la espera: para responder mensajes, desplazarse por una red social o leer noticias.

Ahora piensen en cuándo fue la última vez que casi se olvidaron de que tenían un celular. Seguramente fue porque se estaban divirtiendo y disfrutando de relaciones reales, cara a cara.

Si nosotros, los adultos, tenemos la tendencia a llenar los vacíos con el celular, corremos el riesgo de transmitir ese mismo hábito a los niños, que aprenden así a pedir una pantalla cuando no saben qué hacer.

Les proponemos siete motivos para no acostumbrar así la mente de los niños, es decir, siete razones para no llenar cada momento de aburrimiento con una pantalla. Todas comprobadas en la experiencia. Veámoslas juntas.

 

1.  El aburrimiento es sano: los niños desarrollan más la imaginación

“Mamá, ¡no sé qué hacer!”, me dijo mi hijo una mañana de verano. Le respondí: “Perfecto, es el mejor momento para inventar algo nuevo”.

Se quejó un poco. Esperaba otra respuesta, quería que yo le dijera qué hacer o que le diera permiso para ver dibujos animados. Eso no ocurrió, y diez minutos después, el pasillo se había transformado en una carretera de doble sentido donde los peluches tomaban taxis. El juego duró más de dos horas.

Es en los momentos de aburrimiento no llenados de inmediato cuando más se manifiesta la creatividad de los niños.

2.  Sin pantallas, los niños observan más la realidad

Ya sea en el coche, en el parque o en casa, un niño sin pantallas —o al menos sin pantallas durante gran parte del día— es un niño que observa, que percibe los matices de la realidad, los olores, los sonidos, las miradas.

Acostumbremos a los niños a no huir del ritmo lento de los días. El silencio no es necesariamente un enemigo. Es precisamente en la calma donde se saborea el mundo y se afina la mirada sobre lo que ocurre a nuestro alrededor.

3.  Si no están anestesiados, los niños hacen muchas más preguntas

Un niño absorbido durante horas por un videojuego no tiene espacio para elaborar preguntas ni para sentir curiosidad. Su mente está ocupada, o mejor dicho, saturada.

No se trata de demonizar la tecnología, que utilizada con equilibrio tiene sus beneficios (el mismo videojuego, si está bien diseñado, puede ayudar a desarrollar estrategias y favorecer el problem solving), sino de reconocer que cuando la tecnología se vuelve invasiva y ocupa demasiado tiempo, absorbe la mente en lugar de abrirla.

4.  Mirando la realidad con sus propios ojos, aprenden a razonar con su propia cabeza

El dibujo animado, el videojuego o el video en Internet que el niño mira tiene, obviamente, como protagonista a alguien que no es él. El niño sigue la historia de otro, lo cual —si sucede por un tiempo limitado— tiene aspectos positivos: la empatía es parte fundamental de la vida humana y del crecimiento.

Las buenas historias tienen un valor catártico y pueden transmitir ejemplos positivos. Sin embargo, entrar constantemente en un mundo paralelo —sin límites— lleva a perder el contacto con el mundo real en el que el niño vive.

5.  Es cuando no sabes qué hacer que la creatividad se pone en marcha

Aprendamos primero nosotros, los adultos, a no tener miedo del aburrimiento de los niños. Si no están sobreestimulados, los niños saben buscar dentro de sí y encontrar recursos que no sabían que tenían. Son capaces de inventar un juego de la nada.

Más que temer su aburrimiento, aprendamos de ellos, observando cómo pueden convertirlo en algo fructífero.

6.  El uso consciente de las pantallas fortalece los lazos familiares

No todo lo digital es negativo, y la tecnología, por sí misma, no es un mal.

Usada con moderación y conciencia, puede ser una gran ayuda. Sin embargo, cuando toda la familia vive esclava del tablet o del smartphone, los medios de comunicación se transforman en barreras para la comunicación.

7.  Si la tecnología no es el centro del día, se vuelve más útil

Cuando la televisión y las pantallas en general se encienden sin límites, ocurre un fenómeno curioso: cuando empieza la película o el dibujo animado, los niños pronto lo abandonan y rara vez lo terminan.

Esto sucede porque los hemos acostumbrado al “fondo mediático”, más que a una experiencia real de atención.

Es muy interesante notar que los niños sin “dieta digital” buscan más la televisión que los que sí la tienen, pero casi de inmediato la descuidan, le dan poca importancia y hacen otra cosa, incluso con la pantalla encendida.

Después de todo, si pueden tenerla siempre disponible, ¿por qué aprovecharla al máximo?

Empiecen a poner límites de tiempo, a establecer cuántos episodios pueden ver, y descubrirán que disfrutarán mucho más de lo que hacen.

Artículo publicado originalmente en www.familyandmedia.eu

 

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 1 de marzo de 2026 No. 1599


 

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