Por Arturo Zárate Ruiz

Franz Werfel, un judío, escribió tal vez la mejor biografía de un santo por no caer en la idealización y sentimentalismo característicos de muchas hagiografías orientadas más a la edificación que a narrar la verdad histórica. Su obra: La canción de Bernardette, sobre la vidente de Lourdes.

Aunque es un texto novelado y hay, por tanto, elementos de ficción, la obra se apega en gran medida a que ocurrió. Werfel además retrata a los actores de este “drama” tal como muy posiblemente fueron: no buenos, no malos, sino simplemente personas de su tiempo.

Bernardita Soubirous es la protagonista. Es una campesina sencilla, honesta y de fe profunda e inquebrantable. Carga siempre su rosario. No está libre de las tentaciones, por ejemplo, la vanidad, aunque ésta le viene no por ser la favorecida de “la Señora”, sino por un vestido muy bonito que le prestaron y por sentirse, por un momento, hermosísima con él. Se dio cuenta de su vanidad a tiempo y volvió a vestir con sus ropas pobres.

François y Louise Soubirous son sus padres. De familias alguna vez importantes, ellos vinieron tan a menos que viven en un cuchitril lleno de humo que agrava la tuberculosis de Bernardette. Aunque les preocupan lo que consideran en un principio mera imaginación de su hija, la defienden y protegen, como también lo hace la sensata tía Bernarda, de todos quienes la persiguen. Esta tía es quien obliga a François y a Louise a asumir su rol protector de padres, en vez de esconderse de las burlas de los vecinos.

Entre los perseguidores se encuentra Vital Dutour, Fiscal Imperial. Debe investigar a Bernadette con escepticismo, pues él representa la razón secular, razón que presupone que la muchacha no es sino una charlatana que quiere sacar provecho y dinero de los muy crédulos.

Los hermanitos de Bernardette en cierta medida le dan la razón al fiscal Dutour Empiezan a pedir dinero para permitir a los crédulos acercarse a Bernardette, quien, al saberlo, los corrige con una bofetada y los obliga a regresar el dinero.

El padre Peyramale, Párroco de Lourdes, está tan irritado con el “cuento” de las apariciones que, en un primer momento, despide a Bernardette de su presencia a escobazos. De cualquier manera, aún no convencido por la muchacha, asume su rol de párroco al decidir defenderla de la injusta persecución policiaca que ella sufre. Él la saca de la cárcel donde la confinaron. Y también obliga entonces a los papás a no sacarle al bulto de defenderla. Al salir de la cárcel, Bernardette es aclamada como heroína por el pueblo, más por detestar ellos la injusticia del Emperador que por creerle a ella.

Monseñor Laurence, Obispo de Tarbes, como máxima autoridad religiosa en la región, somete al más duro escrutinio a la muchacha para desechar cualquier impostura. Pero el mero contemplarla en su sencillez y pobreza le hace ver que no es ninguna impostora.

Estrade es el Comisario de Hacienda de su Majestad. Es un observador imparcial que toma nota de lo que ocurre. En algún momento no puede ya rechazar los milagros.

Lacade, el alcalde de Lourdes, al principio quiere cerrar el manantial para acaparar y vender su agua de manera embotellada. Sin embargo, tras ser esta agua analizada por científicos, no encuentran en ella ninguna propiedad curativa en sí que permita afirmar que sirva para alguna enfermedad, aunque lo haga en Lourdes. Lacade, aun con mentalidad mercantil, piensa en otro rubro para enriquecerse: poner hoteles para los peregrinos.

Hyacinthe de La Fite es un intelectual siempre escéptico, quien, por orgullo, prefiere negar lo que ven sus ojos a pedir un milagro para curar su cáncer.

La hermana Marie Therese Vauzous es quizá el personaje más complejo. Maestra de escuela y monja en el convento, atormenta primero a su pupila Bernadette con su escepticismo (¿por qué esa mocosa y no yo?, se pregunta). Luego la abruma con irrefrenable entusiasmo.

Justino Bouhouhorts es un niñito vecino de Bernardette. Sin nervios que le permitan caminar, es la primera persona sanada por el manantial.

Por supuesto, el personaje principal es “La Señora”, según se refiere Bernardette a la Virgen María, quien se revela a la vidente como la Inmaculada Concepción.

 


 

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