En su CXX Asamblea Plenaria, los obispos de México se mostraron preocupados por el contexto de la guerra, los corazones endurecidos, los pueblos y culturas amenazadas, la lenta erosión de las instituciones de nuestra patria, el paulatino derrumbe del orden mundial y la necesidad de fe del pueblo. Al mismo tiempo, destacaron las oportunidades que se abren para caminar hacia la reconciliación y construir la fraternidad entre los pueblos.

Destacaron el viaje del Papa León XIV a África, presentándose al mundo como peregrino de paz, y remarcaron sus palabras que sacudieron la conciencia del mundo: “¡Basta de la idolatría del yo y del dinero! ¡Basta de la ostentación del poder! ¡Basta de la guerra!”. Y en Argel, ante gobernantes y diplomáticos del mundo entero, pronunció palabras que resuenan con fuerza particular en nuestra realidad.

Pidieron que se multipliquen las peticiones de paz, la denuncia y eliminación de las causas de la desesperación, así como la lucha contra quienes lucran con la desgracia ajena. Argumentaron que estas palabras interpelan a gobernantes, ciudadanos y a todos los que tienen en sus manos decisiones que afectan la vida de las personas. “La paz no se construye con armas ni con discursos vacíos; se construye, como dice el Papa, denunciando causas y luchando contra quienes medran con el sufrimiento humano”.

Los trabajos de los obispos se fundamentaron en animar y renovar el compromiso de ser Iglesia de Jesucristo para nuestro tiempo, en diálogo con las nuevas realidades que se viven, y contribuir a la construcción de la paz. “No se puede uno acostumbrar al dolor ni ser indiferentes ante estas realidades. Detrás de cada crisis hay personas heridas en búsqueda de sentido de vida que merecen ser acompañadas”.

Invitaron a la sociedad civil organizada a seguir trabajando por la paz y la reconciliación en el país, para así construir una historia de la que gocen las futuras generaciones; porque un país que normaliza la muerte pierde la vida. La violencia no solo destruye vidas, sino que corrompe la esperanza.

Aseguraron que la mayor riqueza de nuestro pueblo no es material, sino el don que Dios ha puesto en nuestro interior: la capacidad de amar.

Durante el encuentro, los pastores reflexionaron sobre el valor que cada persona tiene y la relevancia de la vocación, entendida no como una realidad exclusiva del ministerio sacerdotal o de la vida consagrada, sino como la llamada personal que Dios, desde su infinito amor, dirige a cada persona para participar desde su estado de vida y sus carismas en la sociedad. Nuestra juventud busca dar sentido a su vida desde la fe, la escucha y el acompañamiento con un lenguaje concreto para descubrir y vivir plenamente su propia vocación bautismal.

Oportunidad para la vocación humana

Ante el próximo campeonato mundial de fútbol, los jerarcas recomendaron a los participantes y asistentes hacer de este evento un signo de vocación humana a la comunión entre los pueblos, y mostrar que es posible vivir en fraternidad en la diversidad, respetándonos y reconociéndonos como una sola familia humana.

La misión del Papa es anunciar el Evangelio en cualquier parte y circunstancia. Frente a las disyuntivas entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el Papa, los obispos aclararon que esta situación ha generado mucha polémica en todo el mundo; es una situación que ha hecho reflexionar a los obispos, porque no se desea ningún tipo de confrontación.

La Conferencia del Episcopado Mexicano ha mostrado su apoyo al Papa León XIV: “Somos pastores del pueblo de Dios y no somos políticos. Lo que se busca es el bien común. Es imposible que un presidente pueda influir en la elección de un Papa; todo está estipulado en la conciencia de cada uno de los cardenales que votaron. El Papa no quiere reelegirse, sino que es Papa hasta que Dios quiera”.

“Estas declaraciones del presidente Trump son manipulaciones de cosas sagradas. La Iglesia es respetuosa y [las decisiones] van a la conciencia de cada cardenal. La actitud de un líder religioso como León XIV pone en evidencia su firmeza y seguridad; no tiene miedo al defender el Evangelio y lo hace con cualquier otro presidente, convencido de que es su decisión y su ministerio: ‘Yo no quiero confrontación con nadie, hago lo que tengo que hacer en cualquier momento y circunstancia, porque es la esencia de mi misión’”, concluyeron los pastores.

Por SE

 


 

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