Por P. Fernando Pascual
Nos gustaría tener un corazón generoso, desprendido, enamorado, fuerte, puro, noble, entusiasmado por Dios y por los demás.
Luego constatamos la presencia del pecado en nuestras vidas: egoísmos, rencores, avaricias, descontrol, pesimismo, cobardía.
El pecado puede hundirnos, sobre todo si se repite una y otra vez, si nos desgasta y nos somete, hasta crear dependencias y vicios muy arraigados.
Pero si uno reacciona con humildad ante sus defectos y faltas, si pide perdón a Dios y a los hermanos, si sabe confiar en la gracia, no permitirá que el mal lo destruya internamente.
El camino de la humildad permite que todo pecador tenga esperanza, porque reconoce sus carencias, al mismo tiempo que acude a Dios para recibir su perdón y su consuelo.
Ser humildes no significa pasividad: el que reconoce sus límites trabaja y se esfuerza por superarlos. Significa, entonces, un incansable compromiso para levantarse una y otra vez, sin permitir que el desaliento nos asfixie.
La vida cristiana está revestida de una belleza que atrae y que desearíamos realizar. Pero no es un ideal solo para perfectos, para quienes logran un completo control de sus pasiones: el cristianismo es también para los pequeños, los que caen y se levantan, los que inician cada mañana con buenos propósitos, aunque por la noche tengan que pedir perdón por sus pecados.
Si acogemos el camino de la humildad, si nos abrimos al perdón del Padre de las misericordias, también seremos capaces de comprender y acompañar a quienes, como nosotros, caen y se levantan cada día.
Con humildad resulta posible que los publicanos y las prostitutas lleguen (incluso antes que otros) al Reino de los cielos (cf. Mt 21,31-32). Porque Dios no desprecia a un corazón humilde y confiado (Sal 51).
Hoy vengo ante ti, Señor, consciente de mi pequeñez y de mi miseria,
pero confiado en tu perdón que salva.
Ayúdame a nunca desesperar ante mis pecados.
Enséñame a levantarme, con humildad,
para acoger tu Amor y cantar eternamente tu misericordia,
esa que ofreces con cariño a los más pequeños y necesitados.
Imagen de Manfred Antranias Zimmer en Pixabay

