Por VC Noticias
El obispo de la diócesis de Torreón, Luis Martín Barraza Beltrán, estableció una diferencia entre las cifras oficiales y la realidad que viven las familias de personas desaparecidas en México. Mientras el gobierno y los organismos internacionales manejan estadísticas, el religioso sostuvo que los datos duros y los hechos concretos los tienen los familiares.
“Bueno, escuchar a las familias será lo más importante porque ellas han puesto su corazón y saben quiénes faltan”, expresó Barraza Beltrán en una entrevista posterior a los debates generados por la resolución del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU. Dicho organismo estableció que en México este fenómeno podría constituir un crimen de lesa humanidad, lo que provocó un rechazo por parte del gobierno federal a través de la Secretaría de Gobernación, que calificó el informe como tendencioso.
El obispo reconoció que tanto las familias como el gobierno pueden mostrar sus estadísticas. Sin embargo, afirmó que lo único cierto es que los familiares viven cotidianamente no solo la angustia de la ausencia de sus seres queridos, sino además el deber de trabajar en función de una verdad histórica que quizá dé paz a otras familias.
“Falta escuchar y acompañar estas iniciativas porque todos los colectivos ya tienen sus metodologías, sus programas y agendas, y que mucho ha avanzado, entiendo yo, este tema”, señaló Barraza Beltrán. “Ellos son los que tienen la realidad en las manos y toca escucharlos a ellos”.
El religioso advirtió sobre las interpretaciones divergentes que pueden surgir del manejo de cifras. “Las autoridades manejan las cifras, ahí se puede prestar a lecturas diferentes, hermenéutica e interpretaciones. Pues contra hechos no hay argumentos, aunque claro que cada quien argumentará que tiene los hechos, los datos duros. Pero yo creo que los datos duros y los hechos concretos los tienen los familiares de los desaparecidos”, enfatizó.
Barraza Beltrán propuso que los familiares participen en las reuniones donde se discute el tema, como una medida para acercar la realidad a las decisiones institucionales.
El obispo recordó el acompañamiento histórico de la Iglesia católica a las víctimas de desaparición en la región. Fue el entonces obispo de Saltillo, Raúl Vera López, quien creó una organización laica que brindó apoyo en el momento más violento vivido en Torreón. El 19 de diciembre de 2009 se crearon las Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila, que luego derivó en Fundem, Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México.
“De todo esto ojalá pueda quedar esto, el poner más atención a los colectivos. De lo demás y de lo que puedan manejar organismos internacionales y nacionales, se puede dudar, de que cada quien está haciendo una lectura conforme a sus criterios o intereses, pero los familiares no tienen otro interés más que saber qué ha sucedido con sus desaparecidos, con sus familiares”, afirmó.
Acompañamiento sin revictimización
Consultado sobre cómo la comunidad laica y religiosa puede acompañar a estas familias, Barraza Beltrán ofreció una serie de recomendaciones prácticas:
“Algo muy importante es no revictimizar, no condenar, no decir algún calificativo, el que sea. Suspender todo juicio y quedarnos con las familias que traen una pena y que simplemente quieren buscar y encontrar o saber algo de su familiar desaparecido. Si no vamos a entrar así, sin ninguna condena o juicio, pues es mejor no acercarse. Es quitarse todo prejuicio y estar cerca”, explicó.
El obispo sugirió apoyar en lo posible, incluso con la cercanía y la escucha: “Es un poquito lo que en la pastoral, en lo poco que podemos hacer es eso: hacer presencia, sin hablar mucho. Yo mismo he reconocido ante ellos mi incompetencia para manejar esa situación, en el sentido de que a veces dice uno palabras ociosas, palabras que pueden desconcertar u ofender. Como es muy común entre nosotros: ‘Déjeselo a Dios’. Para ellos eso es un golpe”, admitió.
Barraza Beltrán reconoció que, en situaciones como estas, es fácil decir una tontería, palabras inoportunas, insensibles o inadecuadas. Por ello, recomendó la oración, la comprensión y la cercanía como las herramientas más valiosas.
Neutralidad ante las cifras, acción ante el dolor
En cuanto a la panorámica de la crisis humanitaria en México, donde miles de personas han desaparecido y el fenómeno migratorio empuja a miles de latinoamericanos a cruzar la frontera con Estados Unidos, el obispo de Torreón comentó que la Iglesia debe acompañar:
“Hay una guerra de números. Meterse en números parece, así como politizar, ya es motivo de conflicto. Entonces nos dejamos de números y nos vamos a la realidad. Aquí hay familiares, colectivos con una pena, con un dolor. Aquí está la iglesia que debe ser como una mamá para todos, no solo los bautizados sino todos los que tengan un sufrimiento, y entonces a acompañar. El manejo de las cifras se lo dejamos a otras personas”, precisó.
Barraza Beltrán busca una posición neutral en las declaraciones para evitar la polarización, pero al mismo tiempo impulsar la unión social para visibilizar los atropellos a los derechos humanos y el respeto a la dignidad de las personas.
“Los familiares de todos estos seres desaparecidos están sufriendo no solo la pérdida de un ser querido sino también con cierta saña o brutalidad. Vámonos al hecho en sí y creo que por eso han sido fermento o inspiración o motivación”, dijo.
El obispo reconoció que existen diferencias entre los propios colectivos de familiares. Desde la Iglesia, insistió, se intenta hacer presencia y reconocer en cada desaparecido a Cristo.
Publicado en vcnoticias.com
Imagen generada con Ideogram

