Por P. Juan Ramón Gómez Pascual, cmf

5 de abril de 2026 (Pascua de Resurrección).

“El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa del sepulcro quitada. Echó a correr y fue a donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro, e inclinándose vio los lienzos tendidos, pero no entró. Llegó Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos”.

Domingo muy temprano. María Magdalena va camino del sepulcro. Triste, decepcionada. Con ganas de poder ungir al Maestro. Pero al llegar, vio quitada la losa que cerraba el sepulcro. Se va corriendo a comunicárselo a los apóstoles: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Pedro y Juan corren a ver lo sucedido. Llegan al sepulcro y ven las vendas y el sudario con que habían envuelto al Señor. Tras la sorpresa inicial, ahora empiezan a entender la escritura: “que él había de resucitar de entre los muertos”. Magdalena vio, Pedro vio, Juan vio. Vieron y creyeron. ¡Ha resucitado!

Hoy el Señor sigue resucitando dentro de cada uno de nosotros. Necesitamos ver. Necesitamos encontrar al Resucitado. Todos estamos invitados a buscarlo, a reconocerlo, a creer en él. También nosotros necesitamos ver algo que nos ayude. María Magdalena, Pedro y Juan cambiarán totalmente sus vidas a partir de esta experiencia. Pero cuando el Resucitado se aparece al grupo les dirá: “Dichosos los que crean sin haber visto” Sin haber visto al resucitado, pero sí a las señales que nos deja. En primer lugar el cambio producido en los primeros testigos. Y ahora en los muchos que, también con su vida, se convierten en señal de su presencia. Él está vivo y en medio de nuestras vidas. Son muchos los creyentes que en este día siguen desde sus casas la celebración de la Pascua. Han visto. Han creído.

Pedro, Juan, Magdalena y los demás fueron los primeros. A nosotros nos toca continuar siendo su presencia. Nos cuenta san Juan que dos discípulos preguntaron a Jesús: Maestro, ¿dónde vives?, y él respondió: venid y lo veréis”. Si alguien viniera a nosotros ¿vería una señal de su presencia en el mundo?

Que en este día sintamos la alegría de saberlo vivo en nuestras vidas. ¡Feliz pascua de resurrección!

 
Imagen de Karen .t en Pixabay


 

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