Por P. Fernando Pascual

Evangelizar es una tarea continua y constitutiva de la Iglesia católica, porque cada generación necesita el Evangelio, porque no existen épocas ni territorios que puedan llegar a una “perfecta” evangelización.

Para evidenciar esto, podemos fijarnos en un país, España, y en un momento histórico, el siglo XVI. Hay quienes piensan que España, en esa época, era un territorio católico, cuando en realidad había miles de personas que necesitaban una urgente evangelización.

Varios testimonios de ese siglo (y se podrían añadir otros) permiten conocer cómo estaban realmente tantos españoles ante una fe católica oficialmente dominante, pero no arraigada en sus vidas.

Así, en el año 1543 un visitador diocesano que había estado en Santiago de Compostela informaba acerca de la gran ignorancia sobre la fe en la zona. El año siguiente, otro informe, referido a Navarra, aludía a la ignorancia de los mismos sacerdotes, lo cual provocaba grandes daños en la gente.

Otro informe de 1539, que hablaba de la situación en Vizcaya, comentaba cómo había personas ancianas que ni siquiera sabían hacer la señal de la cruz. Varios años después (1547), alguien comentaba que en Bilbao, donde vivían unas 6000 personas, apenas se confesaban 500…

Desde Asturias (1568) hubo quienes pidieron la llegada de misioneros a la zona, como si se tratara de territorio de Indias. En Andalucía, un jesuita misionero que había recorrido diversas aldeas de Huelva describía así la situación: “muchos viven en cuevas, sin sacerdotes ni sacramento; tan ignorantes que algunos no pueden hacer el signo de la cruz; en sus vestidos y forma de vida son como indios”.

¿Qué reflejan estos testimonios, y otros parecidos? Que lo que algunos siguen llamando como la “católica España” necesitaba urgentemente misioneros y apóstoles para que la fe fuera conocida y vivida por miles de bautizados que estaban muchas veces muy lejos de la vida cristiana.

Recordar estos testimonios (y se podrían recoger muchos otros similares sobre amplias zonas de la “católica” Europa medieval o Renacentista) podría llevar a algunos a pensar que ahora no estamos tan mal… Pero limitarnos a eso sería triste y poco nos ayudaría.

Lo importante, hoy como en tantos momentos de la historia, es reconocer que millones de seres humanos, algunos de los cuales tienen el bautismo y poco más, necesitan recibir un mensaje maravilloso, que les permita vivir plenamente su condición de hijos de Dios, para convertirse en miembros vivos de la Iglesia católica fundada por Cristo.

Imagen de Elioenai Martin en Pixabay


 

Por favor, síguenos y comparte: