Por P. Fernando Pascual

Queremos vivir como cristianos. Buscamos cómo vencer las tentaciones. Luchamos contra el pecado. Pero la batalla se hace larga, difícil, hasta llevarnos al cansancio y a derrotas que nos confunden y avergüenzan.

La lucha contra el pecado nunca ha sido fácil. Las tentaciones aparecen con frecuencia. Los ataques del mundo, del demonio y de la carne se repiten una y otra vez.

La lucha no puede llevarse a cabo solo con nuestra fuerza de voluntad, como si todo dependiera de nosotros. Un poco de experiencia nos hace ver lo frágiles que somos, la ingenuidad de algunas “estrategias” inútiles o contraproducentes.

La lucha se construye sanamente solo desde una base positiva: la acogida del amor de Dios, en la apertura a la gracia salvadora que Cristo ofrece a quienes creen en su misericordia.

Entonces la lucha se realiza en compañía, junto a un Dios que está siempre a nuestro lado, y con tantos hermanos que combaten como nosotros en el camino hacia la fidelidad al amor.

Habrá momentos difíciles, habrá derrotas, habrá momentos de confusión, habrá engaños del enemigo o de uno mismo. Si tenemos humildad, reconoceremos nuestras faltas, pediremos perdón por nuestros pecados, y volveremos a la lucha.

Será una lucha difícil. Incluso en ocasiones, como enseña la Escritura, llegaremos hasta la sangre. Pero mantendremos la mirada fija en quien sufrió por nosotros para no desfallecer (cf. Hb 12,3-4).

Desde la confianza en Dios, con la compañía de nuestra Madre la Virgen y de los santos, y en unión a tantos hermanos que comparten la misma fe, hoy seguiremos en lucha contra el pecado, porque hemos dicho un sí sencillo y decidido a nuestra vocación al amor a Dios y a quienes están a nuestro lado.

 

 
Imagen de svklimkin en Pixabay


 

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