La Semana Santa estuvo marcada por un mensaje constante del Papa León XIV: la paz no puede esperar. En cada celebración, desde el Domingo de Ramos hasta el Urbi et Orbi de Pascua, el Pontífice unió la Pasión de Cristo con el sufrimiento actual del mundo, elevando un fuerte llamamiento contra la guerra y a favor del diálogo.

Por Patricia Ynestroza – Vatican News

En el resumen de actividades pontificias, el Papa León XIV se centró en la Semana Santa en varios llamamientos articulados en un único mensaje continuo: ante un mundo herido por guerras, amenazas y violencia creciente, la paz solo puede nacer del diálogo, la oración y la defensa de la dignidad humana.

La tregua temporal de dos semanas que acordaron EEUU e Irán es presentada como una oportunidad concreta que debe sostenerse con diplomacia y conversión del corazón, para que el silencio de las armas abra paso a negociaciones reales. En ese marco, el Papa insiste en que la guerra nunca es una solución y que sus consecuencias siempre caen sobre los inocentes —niños, ancianos, civiles, migrantes y comunidades cristianas atrapadas en zonas de conflicto—, por lo que pide respeto del derecho internacional y protección humanitaria.

Con palabras, gestos y llamadas directas a líderes internacionales —desde Ucrania hasta Oriente Medio— el Papa refuerza una misma idea: Cristo resucitado vence sin violencia y ofrece una paz que no es solo ausencia de guerra, sino reconciliación, justicia y esperanza. Por eso convoca a la Iglesia y al mundo a unir diplomacia y oración, y a exigir a los responsables políticos que vuelvan a la mesa del diálogo, porque “la gente quiere la paz” y el mal no puede tener la última palabra.

 

 


 

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