Por VC Noticias

El papa León XIV presidió la Vigilia Pascual en la Basílica de San Pedro el sábado 4 de abril y la Misa del Domingo de Pascua en la Plaza de San Pedro el 5 de abril. En ambas celebraciones, el pontífice retomó el anuncio central de la Resurrección y lo aplicó a las barreras contemporáneas: la desconfianza, el miedo, la guerra, la injusticia y el aislamiento entre naciones.

La noche que doblegó a los poderosos

Durante la Vigilia Pascual, el Papa citó el Pregón pascual: “Esta noche santa […] expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos”. León XIV describió el Cirio pascual como signo de la luz de Cristo Resucitado: “De este único Cirio todos hemos encendido nuestras luces”, afirmó.

Esta noche santa, entonces, hunde sus raíces también allí donde se consumó el primer fracaso de la humanidad, y se extiende a lo largo de los siglos como camino de reconciliación y de gracia.

Aseveró que Dios, ante la dureza del pecado «que divide y mata», responde con el poder del amor «que une y devuelve la vida». Sobre el sepulcro de Jesús, señaló: “Esto es el pecado: una barrera muy pesada que nos encierra y nos separa de Dios”. Frente a esa barrera, las mujeres –María de Magdala y la otra María– “no se dejaron intimidar”. El papa declaró: “El hombre puede matar el cuerpo, pero la vida del Dios del amor es vida eterna, va más allá de la muerte y ningún sepulcro la puede aprisionar”.

León XIV advirtió que “tampoco faltan en nuestros días sepulcros que abrir, y a menudo las piedras que los cierran son tan pesadas y están tan bien vigiladas que parecen inamovibles”. El Papa enumeró esas piedras: “Algunas oprimen el corazón del hombre, como la desconfianza, el miedo, el egoísmo y el rencor; otras, consecuencia de las primeras, rompen los lazos entre nosotros, como la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos y naciones”.

Ante esa realidad, el Santo Padre exclamó: “¡No dejemos que nos paralicen!”. Recordó que muchas personas a lo largo de la historia removieron esas piedras “a veces a costa de la vida”. Citó a san Agustín: “Anuncia a Cristo; siembra […]. Esparce el Evangelio; lo que has concebido en tu corazón”.

Domingo de Pascua: la muerte ya no tiene poder

En la Misa del día de Pascua, el Papa proclamó: “¡Cristo ha resucitado de entre los muertos y, con Él, también nosotros resucitamos a una vida nueva!”. Y añadió: “¡la muerte ha sido vencida para siempre, la muerte ya no tiene poder sobre nosotros!”.

León XIV reconoció que este mensaje “no siempre es fácil de acoger”. Describió las amenazas internas (pecados, decepciones, soledad, resentimiento) y externas. Sobre estas últimas, declaró: “La vemos en la violencia, en las heridas del mundo, en el grito de dolor que se eleva por todas partes a causa de los abusos que aplastan a los más débiles, ante la idolatría del lucro que saquea los recursos de la tierra, ante la violencia de la guerra que mata y destruye”.

El Papa recuperó palabras de Francisco en Evangelii gaudium“Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable”.

León XIV vinculó la Resurrección con el “primer día de la semana” (Jn 20,1) y con la creación del Génesis. “La Pascua es la nueva creación obrada por el Señor Resucitado, es un nuevo comienzo”, afirmó. Y concluyó con un llamado a la acción: “Corramos, pues, como María Magdalena, anunciémoslo a todos; llevemos con nuestra vida la alegría de la resurrección, para que allí donde aún se cierne el espectro de la muerte, pueda resplandecer la luz de la vida”.

En la Vigilia, varios catecúmenos de distintas partes del mundo recibieron el Bautismo. El Papa los presentó como testigos del Evangelio. En ambos días, la Plaza de San Pedro y la basílica reunieron a fieles de numerosos países.

 

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