Por Jaime Septién
Ana Ajmátova (1889-1966), una extraordinaria poeta rusa, en 1937 y durante siete meses, hizo cola cada madrugada para saber si estaba vivo su único hijo, Lev, encarcelado por el horroroso régimen de Stalin en las cárceles de Leningrado (hoy San Petersburgo). Fruto de ese calvario –diseñado por Stalin y ejecutado por el Comisario del Pueblo para Asuntos Internos (la temible NKVD), Nikolái Yezhov– surgió un poema, quizá el más grande poema de la literatura rusa del siglo XX: Réquiem. En lugar de un prólogo al extenso poema, Ajmátova escribió la siguiente –sobrecogedora– escena:
En los terribles años del terror de Yhézov hice cola durante siete meses delante de las cárceles de Leningrado. Una vez alguien “me reconoció”. Entonces una mujer que estaba detrás de mí, con los labios azulados, que naturalmente nunca había oído mi nombre, despertó del entumecimiento que era habitual en todas nosotras y me susurró al oído (allí hablábamos todas en voz baja):
–¿Y usted puede describir esto?
Y yo dije:
–Puedo
Entonces algo como una sonrisa resbaló de aquello que alguna vez había sido su rostro.
El poema a continuación escrito por Ajmátova es el réquiem para una nación, la rusa, que se desangraba en las tremendas purgas de Stalin –uno de los más grandes asesinos de la historia contemporánea. Me pregunto si no sería ese gran fresco del dolor humano en versión de Ajmátova un presagio del réquiem de nuestra civilización. Las guerras, sobre todo las que han tomado a Ucrania y a Medio Oriente como rehenes, hacen pedir a gritos alguien que pueda escribir esto, como lo pidió la mujer que hacía cola, junto a Ajmátova, en Leningrado.
Nos estamos masacrando por un puñado de dólares. Nos estamos dividiendo por consignas que ni entendemos ni nos corresponde entender. Nos estamos alejando de Dios, de la vida buena, del agradecimiento. Alguna vez tuvimos rostro. El rostro del amor es el que nos salvará. León XIV va a la cabeza de un movimiento mundial de paz que comienza en nuestra casa. En nuestra alma.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 19 de abril de 2026 No. 1606

