500 AÑOS DE LOS DOMINICOS EN MÉXICO

Por Hugo Daniel López Hernández

La escena de llegada de los dominicos a la Ciudad de México fue profundamente simbólica: cientos de indígenas acudieron a recibirlos entre flores, danzas y cantos, testimonio del impacto inmediato de su presencia. Hernán Cortés, aunque ya sin el mando oficial de la ciudad, los aguardaba. Destacó el marqués del Valle entre otros católicos por su arraigada y ferviente devoción al recibirlos: con actos de reverencia, se arrodilló ante cada uno para besarles las manos y frotar su rostro contra los hábitos de los frailes. Con este gesto no solo expresó su fervor personal, sino que pretendía también instruir a los indígenas en el respeto que se debía a estos nuevos portadores del Evangelio.

Durante sus primeros meses en la ciudad, los dominicos fueron hospedados con calidez y fraternidad en el convento franciscano de San Francisco, fundado dos años antes, en 1524. La convivencia fue armoniosa, participando ambas órdenes en conjunto en las celebraciones religiosas. Por el mes de octubre, los dominicos se trasladaron a una casa propia, en la que residieron poco más de tres años. Esta propiedad fue más tarde entregada al Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición (ubicada actualmente en la esquina de Belisario Domínguez y Brasil). En 1530, el gobernador Juan Alonso de Estrada concedió formalmente a la Orden de Predicadores el solar donde edificarían el templo y convento de Santo Domingo, que se convertiría en su casa madre en la capital.

La llegada a América no estuvo exenta de adversidades. Al término del primer año, cinco de los doce frailes fundadores habían muerto y otros cuatro enfermaron gravemente, siendo obligados a regresar a España. Solo tres permanecieron en la Nueva España: fray Domingo de Betanzos, fray Gonzalo Lucero y fray Vicente de las Casas. Aun así, con extraordinaria perseverancia, la orden fue asentándose en tierras mexicanas.

El autor es director ejecutivo del Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas (IDIH).

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 29 de marzo de 2026 No. 1603

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