Por Felipe Monroy

Desde que lo conocí en Buenos Aires en octubre del 2012 hasta que fui a Roma a despedirlo en sus funerales en abril del 2025 he escrito cientos de páginas sobre el papa Francisco, sobre Jorge Mario Bergoglio. Entre noticias, artículos y capítulos de libros viven algunas frases que compartí en cada momento y que, ahora, en el primer aniversario luctuoso del pontífice «venido casi del fin del mundo» quise recuperarlas y compartirlas: 

Francisco comienza como el Papa de los actos, de los gestos, sin palabras qué traducir o malinterpretar (marzo, 2013).

Los periodistas que cubren el Vaticano me han dicho algo que ya es cliché: Cada palabra de Francisco es un titular periodístico (julio, 2014).

Francisco se ha colocado en la periferia; descolocando al adulón que, buscando el tótem, se encontró con Pedro (marzo, 2014).

Dudo mucho que se entienda bien el primer año del papa Francisco sin un poco de humor… su buen humor desarticula exageraciones y fantasías sinsentido (abril, 2014).

Francisco sigue dinamitando las peanas de cristal donde cierta raigambre católica había ya hecho su morada (diciembre, 2016).

Francisco propone que los miembros de la Iglesia católica deben abandonar la idea de un ‘catolicismo’ entendido como una porción ganada de los territorios del orbe y recobrar la mirada trascendente más allá de nuestras obsesiones (marzo, 2017).

En el mundo de la cultura líquida, Francisco vive en fronteras disueltas (marzo, 2017).

Como navegante de la barca petrina, Francisco no opta ni por corrientes ni por islas. Prefiere, por el contrario, habitar el piélago inmenso de contradicciones donde ya naufragan el creyente y su idea de Dios (marzo, 2017).

Francisco no reinventa al papado; en todo caso, Francisco reinventa a Bergoglio (marzo, 2017).

En los conflictos bélicos, Francisco muestra equidistancia; aunque eso signifique habitar un extremo, inválido para los polos de interés (octubre, 2017).

Francisco comprende que vivir significa ensuciarse los pies (noviembre, 2018).

Bergoglio realmente pone el acento en los desposeídos, los descartados, las víctimas de un arrebatado modo de vida contemporáneo, los últimos de un mundo vertiginoso que no se compadece ni detiene por la muerte de quienes normalmente son silenciados o permanecen invisibles A ellos, sin embargo, les dice: “Ustedes son constructores indispensables en este cambio impostergable” (noviembre, 2020).

Para Francisco el amor y la ternura son dos palabras cuyas implicaciones superan su tradicional sentido remilgado: son actos definitorios para un mundo que siempre requiere renovación (marzo, 2021).

El sueño del Papa es que el mundo no regrese a la enferma normalidad pre-COVID donde campeaba la iniquidad, la injusticia, el descarte de los ‘prescindibles’, el abuso, la sobreexplotación y la patológica persecución de ganancias y privilegios… convoca a un ‘sueño rebelde’ que se oponga no sólo a las estructuras del pecado que ya existían antes de la pandemia sino a todo intento de restaurarlas en el debilitado mundo que ha dejado esta crisis global (octubre, 2021).

Estos diez años de pontificado han sido pura resistencia transformadora: Bergoglio ha intentado eludir los obstinados símbolos del clericalismo, las tradiciones mundanas palatinas y la politización del papado mediante sobrias celebraciones Eucarísticas, una pastoral a ras de suelo con los pobres y un magisterio de acceso popular que no requiere intérpretes (febrero, 2023).

Francisco insiste en que la sinodalidad implica escucha, pero también una necesidad de “abajarse” para ponerse al servicio de los hermanos a lo largo del camino (marzo, 2023).

Francisco apela a una cristiandad llamada a liberarse de simbología y normativas desgastadas en el tiempo, urgida a atender prioritariamente a los pobres bajo una convicción teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica (marzo, 2023).

A diferencia de sus predecesores, Francisco decidió no apartarse al descanso con regularidad ni a tomar vacaciones para reparar fuerzas de su ajetreada agenda. Año tras año se evidencia la creciente vulnerabilidad de un servidor de la Iglesia que se desgasta sobre la áspera lija de la historia (marzo, 2024).

Si algo define el legado intelectual de Francisco es su capacidad para entrelazar lo espiritual con lo social (abril, 2025).

Francisco entendió que, en un mundo descristianizado, la Iglesia debía optar por la persuasión, no por la imposición (abril, 2025).

Francisco no fue un revolucionario en el dogma, pero sí un disruptor en la pastoral. Democratizó el papado al descentralizar el poder, al priorizar las periferias sobre el centro y demostró que la relevancia de la Iglesia depende de su capacidad para servir, no para dominar (abril, 2025).

Francisco, por ejemplo, no sólo descolocó sino que desnudó a políticos y líderes que utilizan la religión como propaganda, que hacen ostentación de fanática piedad sin coherencia con el mensaje del credo que dicen profesar (abril, 2025).

Se le acusó de ‘protestantizar’ a la Iglesia; de ser ‘tibio’ en sus encuentros con pecadores confesos; que arteramente había provocado “confusión” y “ambigüedad doctrinal”; y, sobre todo, que había roto con la tradición milenaria de los apologetas de la fe católica (mayo 2025).

Me habían anticipado que era un cardenal sencillo y atento, que viajaba en autobús y tren subterráneo, pero cuando vi que el cardenal primado de Argentina caminó cincuenta pasos por una silla sólo para ofrecérsela a una mujer de edad avanzada, me sentí fuertemente cuestionado y sorprendido. Después de su intervención se retiró de manera discreta, sin protocolos ni cortejos principescos… (octubre, 2012).

 

Publicado en vcnoticias.com

 


 

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