Por El Observador

En el 2016 la Compañía de Jesús constituyó el Centro de Investigación y Acción Social por la Paz (CIAS por la Paz, A.C.) en México, una obra que a lo largo de una década ha pasado de la investigación social a la acción territorial, de los diagnósticos comunitarios a los programas de reconstrucción del tejido social, con el fin de lograr la buena convivencia y la paz en el país.

El origen de una misión

La misión de lo que hoy es el Centro de Investigación nació en un tiempo caracterizado por profundas rupturas y transformaciones en el país. Entre 2010 y 2015, México vivió un incremento sostenido de violencia, la desigualdad y la desconfianza en las instituciones. Las heridas visibles —la inseguridad, el crimen organizado, el miedo cotidiano— eran, y aún lo son, la superficie de un problema más hondo: la fragmentación del tejido social, consecuencia de una silenciosa ruptura de los lazos de integración y comunicación social.

Entre los ciudadanos se debilitó la confianza, los lazos y la capacidad para establecer acuerdos. Pero esto no surgió de un día para otro, sino que fue el resultado de la vida mercantil, la perdida de trabajo y una transformación cultural y social en las comunidades.

Ante esta realidad, y siguiendo el espíritu ignaciano, la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús buscó la manera de responder a dichas necesidades y conformó, en el 2012, la Comisión por la Paz, proyecto al que se sumaron voluntarios de universidades, parroquias y redes de pastoral juvenil que abrieron los primeros conversatorios: espacios de escucha, análisis y discernimiento.

Al escuchar los dolores y miedos, se fue construyendo un modo de acompañar centrado en la presencia cercana en los territorios, la escucha activa, la reflexión y la acción comunitaria, lo que permitió identificar no solo síntomas de violencia, sino también gestos de resistencia y solidaridad que mantenían viva la esperanza.

Estos primeros trabajos permitieron entender las causas racionales, culturales y estructurales de la violencia en los distintos contextos del país, para después concluir que la violencia no solo es un fenómeno delictivo, sino la expresión de una crisis racional.

La reconstrucción del tejido social: una apuesta por la paz

De esta manera, el tejido social se conceptualizó como una red de vínculos y la paz se comprendió como fruto del buen convivir en justicia, seguridad y cuidado con los demás y la naturaleza; además de verse como una tarea colectiva, orientada a fortalecer las relaciones, capacidades y formas de organización social desde los territorios.

Así nació el Programa de Reconstrucción del Tejido Social (PRTS), como una respuesta al diagnóstico del país y como un espacio para seguir aprendiendo con las comunidades, a la que se integraron las juventudes: voluntarios, profesionistas y agentes de pastoral.

Esto permitió identificar una necesidad profunda: acompañar a las comunidades desde sus propias realidades. Y, con esta intuición, la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús apoyó la institucionalización de CIAS por la PAZ, A.C.

Entre el 2016 y 2019, el programa se implementó en diez localidades de México, seleccionadas por diversidad cultural y sus distintos tipos de conflictividad: Cherán, Tancítaro y Tangancícuaro (Michoacán); Chilón-Citalá (Chiapas); Huatusco (Veracruz); Parras (Coahuila); Chalco (Estado de México), y Celaya y Guanajuato (Guanajuato). En cada lugar se conformó un equipo de trabajo que adoptó la metodología al contexto local, respetando los procesos comunitarios y fortaleciendo las iniciativas ya existentes.

Este paso significó para el CIAS una apuesta por integrar la espiritualidad, la familia, las escuelas, los barrios y los espacios laborales en una misma trama para motivar actitudes, promover prácticas y construir una visión que favoreciera el buen convivir.

Así, con el apoyo de equipos de jóvenes con formación ignaciana, se implementó un método de trabajo racional y vivencial, descubriendo que la violencia no solo había dejado huellas materiales en las distintas comunidades, sino también efectivas y simbólicas. La fractura del tejido social se manifestaba en la desconfianza, la soledad y los duelos.

El Buen Convivir

A partir de esta intuición, los equipos propiciaron espacios de diálogo comunitario en los que las personas podían contar sus historias, compartir sus pérdidas y reconocer su valor. Estos espacios —pequeños, pero profundos— constituyeron los primeros ejercicios de sanación colectiva. En ellos se gestaron los elementos que más tarde darían forma a una parte muy relevante de la Pedagogía del Buen Convivir.

Con esta pedagogía, los equipos aprendieron a leer los desacuerdos como un proceso de recomposición, como un camino para la paz. Este acompañamiento, además de ser una experiencia espiritual y política a la vez, les permitió a las juventudes facilitar conversaciones difíciles, reconocer sus propios límites y descubrir que quien acompaña también es acompañado.

Fue gracias al modelo pedagógico de seis etapas interrelacionadas —sensibilización, encuentro, comprensión, transformación, revinculación y renovación— que las comunidades transformaron la culpa en esperanza, el miedo en confianza y la división en colectividad.

Por tanto, el CIAS no solo estaba narrando historias de dolor, sino que también celebraba los signos de vida en familias, grupos de jóvenes, líderes comunitarios y espacios barriales donde el diálogo se había roto.

Con el tiempo, los gobiernos locales comenzaron a solicitar la metodología del CIAS para aplicarla en sus políticas de prevención social; las escuelas la integraron en sus proyectos formativos; y las iglesias la incorporaron en procesos pastorales de reconciliación. Cada nuevo contexto enriquecía la metodología.

Cuidado Comunitario

Pero estos logros no evitaron consecuencias. Los territorios marcados por violencia implicaron un alto costo emocional para los equipos promotores del PRTS, ya que sostenían procesos prolongados y realidades como, pérdidas, duelos, miedo y desconfianza, lo que implicaba fortaleza interior y relacional, que se brindó a través del acompañamiento integral llamado Cuidado Comunitario.

Esta dimensión del cuidado, profundamente enraizada en la espiritualidad ignaciana, se convirtió en un criterio ético para el acompañamiento: si la reconstrucción del tejido social busca sanar relaciones, quienes acompañan también deben hacerlo desde sus propias relaciones. Con el tiempo, el Cuidado Comunitario se consolidó como área estratégica del CIAS por la PAZ.

La triada como horizonte del Buen Convivir

En una década de recorrido por territorios diversos, el CIAS denominó Triada para la Paz a la integración de la construcción del tejido social, la seguridad ciudadana y la justicia restaurativa, una expresión practica del buen convivir en acción.

La propuesta actual del CIAS por la PAZ se dirige hacia la reconstrucción de los vínculos sociales, la garantía de la seguridad desde la confianza y la sanación de las heridas mediando la justicia restaurativa. En esta perspectiva, la paz se realiza desde una práctica sistemática. Cada uno de los pilares de la tríada alimenta a los otros:

  • El tejido social crea comunidad, sentido de pertenencia y espacios de diálogo.
  • La seguridad ciudadana protege la convivencia y previene la fragmentación.
  • La justicia restaurativa sana las heridas y genera procesos de reintegración.

En conjunto, el modelo traza una ruta para pasar de la violencia al cuidado, del miedo a la confianza y del castigo a la reparación.

Diálogo Nacional por la Paz

El aprendizaje acumulado en los programas de reconstrucción del tejido social, la formación de juventudes acompañantes y la articulación con gobiernos locales, llevó al CIAS a proyectar su experiencia hacia el ámbito de la incidencia pública nacional: la iniciativa del Diálogo Nacional por la Paz, impulsada en enero de 2024 por obras de la Compañía de Jesús y aliados de la sociedad civil.

Hoy, esta iniciativa coordina esfuerzos, en cada estado país, con universidades, gobiernos, cuerpos policiales, organizaciones sociales, ciudades e iglesias para avanzar hacia una Agenda de Paz construida de manera colectiva. Allí, el modelo del CIAS se ha reconocido como un aporte metodológico importante para repensar la seguridad y la justicia desde el Buen Convivir, al buscar reconstruir el alma pública de las comunidades.

En varios municipios, los equipos formados por el CIAS han asumido de manera autónoma procesos de mediación, prevención o atención comunitaria, logrando financiamientos externos y alianzas con universidades o gobiernos.

En este sentido, las juventudes acompañantes representan la transición entre la esperanza y la institucionalización del cuidado, son quienes garantizan que el modelo permanezca vivo, adaptándose al cambio de contextos sin perder su horizonte: la construcción de paz.

Logros

Desde su creación CIAS por la Paz ha invertido en:

342 proyectos y 153 organizaciones de la sociedad civil que trabajan en fortalecer comunidades y atender a grupos vulnerables.

¿Qué es el Buen Convivir?

Es una utopía social donde elegimos creer en la posibilidad de alcanzar la armonía anhelada entre las personas y el entorno. Esta utopía orienta los procesos de reconstrucción del tejido social y nos guía hacia una convivencia pacífica y colaborativa.

Información tomada del artículo CIAS por la Paz: diez años tejiendo paz con las juventudes, publicado por Oscar Daniel Torres Rosales en la revista Incidencias de la IBERO Puebla (Febrero 2026).

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 22 de marzo de 2026 No. 1602

 


 

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