500 años de los dominicos en México
Por Hugo Daniel López Hernández (IDIH)
Los siglos XVII y XVIII son los de mayor esplendor para los dominicos y las dominicas en la Nueva España. Si bien en el caso de las monjas hay un campo investigativo por conocer, se sabe que tuvieron nueve monasterios en México: los de Santa Catalina de Siena en Puebla, Oaxaca, México, Morelia (antes Valladolid) y el de Jesús María en Guadalajara. Todos estos espacios femeninos fueron fundados en el siglo XVI.
El siglo siguiente inició con dos monasterios más: el de Santa Inés en Puebla (1604) y el de Santa María de Gracia (1607); y el XVIII se completó con los monasterios de Nuestra Señora de la Salud en Pátzcuaro (1743) y el de Santa Rosa en Puebla (1746).
En cuanto a la rama masculina, es posible calcular que en aquellos siglos la población frailuna superaba el millar de religiosos dominicos en las cuatro provincias. El territorio evangelizado por la Orden de Predicadores abarcaba el centro de México, la zona de los volcanes (sureste del Estado de México y Morelos), los estados de Puebla, Oaxaca y Chiapas (parte de Tabasco).
En el Bajío, los dominicos se establecieron en San Juan del Río y en la ciudad de Querétaro, donde administraron las misiones de la Sierra Gorda queretana (1687-1851). Hacia el occidente y norte de nuestro país, se instalaron en Guadalajara, Zacatecas y Sombrerete. En Baja California, administraron a partir de 1770 las misiones dejadas por los jesuitas, desde San José del Cabo hasta Santa María de los Ángeles.
Los religiosos dominicos escribieron gramáticas, vocabularios y catecismos en las diversas lenguas indígenas: en zapoteco, fray Juan de Córdoba y fray Dionisio Levanto; en mixteco, fray Antonio de los Reyes y fray Francisco de Alvarado; en tzeltal, fray Domingo de Ara; y en náhuatl (llamada antiguamente como “lengua mexicana”), fray Martín de León. Trabajaron incansablemente en el desarrollo de las universidades (en México y Guadalajara) y participaron en los albores de la imprenta mexicana. La huella de la Orden sentó las bases de la identidad cultural y lingüística en México, un legado que perdura hasta nuestros días.
El autor es director ejecutivo del Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas (IDIH).
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 26 de abril de 2026 No. 1607

