Por P. Joaquín Antonio Peñalosa

Me confiesa el empleado de un establecimiento que vende revistas variopintas sobre automovilismo, jardinería, modas, crucigramas, electrónica, cocina, que las más vendidas son las de color de rosa, las bien llamadas revistas del corazón, las que suministran únicamente noticias-caramelo para que vivamos felices endulzándonos los fastidios de la vida ordinaria.

Si en México aumentan los lectores de estas páginas-merengues, sus lectores y ventas son espectaculares en no pocas naciones primermundistas. En España, por ejemplo, se venden unos 7 millones de ejemplares que interesan a unos 15 millones de lectores, lo que representa más de la mitad de la audiencia hábil, conceptuada en 27 millones.

¿De dónde surge, el gusto, el interés, la curiosidad de la gente por estas noticias y fotografías que van a la caza de situaciones llamativas, desatan el sensacionalismo, penetran las barreras de la intimidad y llegan incluso a producir en el lector una dependencia psicológica?

En estas revistas color de rosa —del lado opuesto al color de hormiga que es la otra cara de la realidad—, jamás aparecen ciertos pedazos de la vida humana. Son un perfecto tabú. Jamás se habla de enfermedad y de vejez, que serían terribles aguafiestas; tampoco aparece la pobreza, las manadas de hambrientos, los no invitados al festín a los hartos. Se silencia el dolor físico y moral, la guerra y la violencia, los conflictos sociales y laborales. Todo lo que apunta una sombra, así sea un filo de oscuridad, queda excluido de este mundo ideal que solo existe en el paraíso artificioso de unas páginas tan seductoras como irreales.

Aquí no hay fraudes, traiciones, soledades, mucho menos muerte. Jamás asoma una gente fea y mal vestida. Ni un cojo, ni una enana para remedio Beatriz explica el Dante: Este es el paraíso con pura gente bonita. Caminante, has llegado a la región más transparente del aire.

Las revistas color de rosa son el producto de un coctel ilusorio, parcial, individualista que combina como únicos ingredientes: la salud, el dinero, la juventud, el placer, el éxito, el poder, el amor sensible, la buena apariencia y la información. La información que no es cultura.

Naturalmente los lectores pican el anzuelo y quedan atrapados por carecer de la necesaria capacidad crítica, por la fascinación que ejerce este mundo ilusorio de papel, por la complicidad de quienes solo miran el lado gratificante de las cosas, por su pasividad y conformismo, por afiliarse a una nueva religión de la felicidad centrada solo en las apetencias inmediatas del individuo en olvido de la comunidad.

Aquí no se menciona la justicia, la solidaridad ni la libertad; sino una mitología demasiado terrena de dioses y diosas turbulentos y frívolos.

Artículo publicado en El Sol de San Luis, 14 de marzo de 1992; El Sol de México, 2 de abril de 1992.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 17 de mayo de 2026 No. 1610