La Ascensión del Señor y la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales son una invitación a vivir el mensaje del Evangelio para también custodiar las voces y rostros humanos.

Por Johan Pacheco – Vatican News

«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 16-20). Esta es la Palabra del Señor, voz y rostro de Jesús, que compromete a los discípulos a comunicar la gracia de su amor sin límites. Es decir, la realidad del Dios con nosotros que, resucitado, ahora en la Ascensión es exaltado y glorificado.

La Ascensión del Señor nos invita a una cercanía profunda con Dios, que nos prepara el camino a un Reino definitivo al que somos llamados a construir desde ya en nuestra vida cotidiana. Su promesa de permanecer junto a nosotros hasta el final de los tiempos es una expresión que define el camino valiente del que acepta la conversión para asumir el anuncio del Evangelio.

El compromiso es vivir el Bautismo para asumir el envío del Señor, haciendo discípulos a todos los pueblos, a las personas, y hoy también en los ambientes digitales. Pero todo parte desde la fe, de cómo asumimos, vivimos y comunicamos el Evangelio que hemos recibido, haciendo que otros -en quienes reconocemos sus rostros y voces- se hagan también seguidores de Cristo.

El Papa León XIV, para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2026, precisamente ha valorado la importancia de custodiar las voces y rostros humanos desde un aspecto antropológico y ante los desafíos de la inteligencia artificial, ya que “el rostro y la voz son sagrados. Nos han sido dados por Dios, que nos ha creado a su imagen y semejanza, llamándonos a la vida con la Palabra que Él mismo nos ha dirigido. Palabra que resonó primero a través de los siglos en las voces de los profetas, y luego se hizo carne en la plenitud de los tiempos. Esta Palabra —esta comunicación que Dios hace de sí mismo— la hemos podido escuchar y ver directamente (cf. 1 Jn 1,1-3), porque se dio a conocer en la voz y en el rostro de Jesús, Hijo de Dios”.

Hoy los discípulos del Señor, llamados a conocer su voz y su rostro, también son invitados a custodiar el rostro y la voz del prójimo en su dignidad humana, ante los retos de las nuevas formas de comunicar y las apresuradas formas de la IA que podrían trastocar los principios de las personas si no son empleadas correctamente. Ante grandes desafíos, es importante que, además de la formación técnica y ética apropiada, conozcamos profundamente la voz y el rostro de Jesús.

 
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