Por P. Fernando Pascual
Buscamos seguridades: para que no nos roben la casa, para que el coche tenga gasolina durante el viaje, para que la tarjeta de teléfono no quede sin crédito, para que no se estropee la fruta en la cocina, para que podamos tomar tempestivamente las pastillas necesarias al inicio de una gripe.
Las seguridades nos sirven para afrontar temas de todo tipo: desde la salud hasta los viajes, desde el trabajo hasta el mejor clavo para poner un cuadro en la pared.
Pero nunca conseguimos una seguridad completa: porque la medicina “de reserva” no es eficaz para esa enfermedad; porque el seguro del coche no impide que un clavo nos reviente la rueda en el peor momento de un viaje; porque las promesas de un familiar no garantizan que las vaya a cumplir.
Aunque buscamos seguridades para diversas situaciones, siempre queda algo fuera de nuestro control. Lo imprevisto aparece a cada paso del camino: basta un suelo bañado para que acaban por los suelos (literalmente) nuestros mejores pantalones y, en casos peores, la misma salud física.
Vale la pena preguntarnos cuáles son mis seguridades, en qué “cosas” me apoyo a lo largo del camino. Esas seguridades revelan mis intereses y mis miedos, mis planes y mis posibilidades, mi manera de mirar hacia el futuro.
Sé que ninguna seguridad resulta suficiente para vivir tranquilo, aunque gracias a Dios muchas seguridades funcionan y nos permiten estar serenos a lo largo del día.
Lo importante es escoger seguridades para los temas más importantes de mi vida que, según deseo, deben ser los temas más importantes para toda vida humana asumida sanamente, con buenas prioridades, con una auténtica orientación hacia el amor a Dios y a los demás.
Solo así acogeré seguridades que valgan la pena, al mismo tiempo que, con esperanza, me abriré a lo que Dios indique en cada momento, seguro de que todo lo que me pida o que permita, será para mi bien si confío en su Amor y si tengo siempre la mirada en la única seguridad plena: la de la victoria de Cristo el día de la Pascua.
Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

