Por Felipe Monroy

Expertos reunidos en la Universidad Pontificia de México (UPM) advirtieron que el mayor peligro de la IA no es su posible maldad, sino la aceptación pasiva de una tecnología que no comprendemos; por eso, reiteraron el llamado del papa León XIV a una “nueva profecía” para recuperar el factor humano, especialmente en materia de salud, bioética, bienestar y cuidado.

Durante el simposio «Desafíos bioéticos de la IA en la Medicina» de la Cátedra de Bioética Florencia Infante de Garza, realizado por el Centro de Estudios de Familia Bioética y Sociedad, se abordaron reflexiones sobre la aplicación de la tecnología en el ámbito de la salud.

Por ejemplo, el doctor Arnalo Marín Baldes, director para Latinoamérica de Iniciativas de Inteligencia Artificial y Salud del MIT, compartió experiencias sobre la tecnología Miraiun sistema de prevención de cáncer de mama que, a través de la IA puede predecir hasta con cinco años de anticipación y con un 98% de precisión el riesgo del desarrollo cancerígeno.

El investigador planteó superar la dicotomía entre «el piloto» y «la máquina» respecto a la relación de la persona con las IA; e invitó a mirar el escenario como una coparticipación de ambas instancias: «¿Por qué no el piloto toma la decisión con la máquina? Intentemos no ver estas herramientas de forma negativa; porque, en último término, el agente moral seguirá siendo el ser humano».

Marín Baldes dijo que la adopción de la IA en la salud en EU hay más de 16 mil millones de códigos establecidos, de los cuales 500 herramientas de IA-salud aprobada por la FDA; por ejemplo, mecanismos de IA para atender enfermedades coronarias y de retinopatía diabética.

Sin embargo, a pesar de los avances tecnológicos, la mayoría de las posibilidades de atención con estas herramientas no llegan al grueso de la población. Por ello, en el evento, que reunió a académicos, médicos, seminaristas y representantes de la Iglesia católica, se plantearon los retos de dimensionar el papel actual de las tecnologías en el servicio al bienestar y la dignidad humanas.

En la apertura, el rector de la universidad de los obispos de México abrió el simposio con una analogía tomada de la ciencia ficción: la civilización extraterrestre de la novela El problema de los tres cuerpos que, tras miles de años dependiendo de sistemas automatizados, perdió por completo la capacidad de comprender su propia tecnología: “El peligro es poseer herramientas cada vez más poderosas mientras perdemos la capacidad de comprenderlas críticamente”, advirtió.

En sintonía, el sacerdote doctor José Guillermo Gutiérrez Fernández, director del Centro de Bioética, Familia y Sociedad, recordó que el papa León XIV explicó su elección de nombre precisamente por el paralelismo con León XIII –quien afrontó la cuestión social derivada de la Revolución Industrial– y el desafío actual de la inteligencia artificial: “El desafío no es tecnológico, sino antropológico”, subrayó.

Además, desde la perspectiva cristiana, recalcó que «la ciencia médica no es sólo técnica sino ante todo una relación humana, el cuidado del vulnerable en el que el agente sanitario ve el rostro de Cristo sufriente».

“Los cuidados médicos no pueden reducirse a cálculos, rentabilidad, etcétera… La inteligencia artificial no puede sustituir al huamano con todo lo que ello comporta: empatía, ternura, tiempo y todo lo que implica el cuidado”, sentenció Gutiérrez.

Centralidad en el ser humano

A través de un mensaje en video, el presidente de la Pontificia Academia para la Vida, Renzo Pegoraro, instó a no dejarse llevar ni por el entusiasmo ciego ni por el catastrofismo. Recordó el documento Llamado de Roma por la ética de la IA, promovido desde 2020 por el papa Francisco, y enumeró principios éticos irrenunciables: transparencia, equidad, privacidad, responsabilidad y, sobre todo, la centralidad de la relación humana en la medicina.

“El paciente no es un problema que hay que resolver mediante la inteligencia artificial –sentenció Pegoraro–. Es un misterio que revela el mismo Cristo.”

Insistió en que aprovechar las oportunidades que ofrece la tecnología digital y la IA no significa «hacer la vista gorda» ante los problemas críticos de la humanidad.

Pegoraro advirtió por su parte que el mayor riesgo de los éxitos de la IA en medicina “bien podría ser la forma insidiosa de sugerir progresivamente que la medicina es sólo una técnica para curar y no una relación humana profunda de cuidar”.

La jornada de estuvio contó además con la ponencia de la doctora Karen González Fernández, quien habló de los problemas éticos relacionados con los datos que genera el uso de la IA en el ámbito clínico y privado. Los cuales, en principio, deben favorecer en la toma de decisiones terapéuticas más acertadas, mejores prácticas clínicas; y que, no obstante, también tienen otro rostro desfavorable.

«Los problemas respecto a la IA no son exclusivos de un sector, o de la ingeniería, sino de toda la sociedad, desde las más diversas disciplinas… son problemas que vamos a tener que resolver entre todos», reflexionó.

La doctora González compartió algunas de las aplicaciones de la IA en la medicina en la actualidad como la revisión de anomalías sintomáticas y sugerir intervenciones médicas, la predicción de aparición de enfermedades, la asistencia relacional en diagnósticos, el monitoreo de pacientes, el entrenamiento a estudiantes de medicina y agentes sanitarios, la seguridad biológica en los hospitales, la recolección de data procedimental en cirugías, la precisión de resultados patológicos y hasta la sistematización de expedientes clínicos.

Con todo, dijo que se necesita una reflexión filosófica más amplia sobre las relaciones entre la Inteligencia Artificial, la medicina y la bioética; relaciones humanas, afectivas y emocionales que se suman a los retos respecto a la privacidad, la seguridad y los sesgos tecnológicos.

Publicado en vcnoticias.com

 

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay