UNA REFLEXIÓN DE LA IA DESDE LA BIOÉTICA II

Por Marieli de los Rios Uriarte

Hace 38 años, Van Ransselaer Potter, médico oncólogo holandés que emigró a los Estados Unidos y a quien se le atribuye haber acuñado el término de Bioética después de la propuesta inicial de Jahr, nos invitó a pensar el mundo ya no como un espacio geográfico sino como un esfera en donde coexisten y se implican mutuamente muchas realidades, a esto lo denominó Bioética Global que no es sino una de las ramas en que la Bioética como interdisciplina estudia las relaciones, fenómenos, factores y condiciones globales que afectan la vida y la salud de individuos y comunidades tanto en lo local como desde la mirada global.

Para Potter, no hay una sola realidad que esté aislada ni libre de las injerencias de otras, de tal manera que lo que acontece en un lugar interfiere, para bien o para mal, en otro y los fenómenos tanto provocados como naturales no son unicausales, lo que lleva pensar que su solución tampoco lo es.

Con ese mismo horizonte de pensamiento, las tecnologías emergentes, dentro de las cuales, el rostro más conocido es la Inteligencia Artificial (IA en adelante), ni es el resultado de acciones unilaterales ni penetra en la vida de las personas y de las comunidades en un sitio igual que en el otro y lo que hace que en algunos países sea favorecida, impulsada, desarrollada rápidamente, en otros sea vista con sospecha frente a los recursos que requiere y que son extraídos de estas tierras “de nadie”.

Es así como los complejos problemas que enfrentamos no sólo son generados a menudo por el sobre consumo, ahora de la IA, sino por intereses políticos derivados del hambre de poder de unos y la resignación y abandono de otros.

Daré algunos ejemplos de cómo la IA, vista desde la óptica de la Bioética Global, influye en la creación y sostenimiento de los problemas y carencias sociales.

El problema medioambiental

En primer lugar, quiero mencionar el tema medioambiental pues no es por todos conocido que la IA que se genera en países desarrollados como Estados Unidos o partes de Europa, usa recursos naturales para producir baterías de litio y otros minerales “raros”, mantos acuíferos y enormes áreas verdes para poderse generar y producir en cantidades ingentes y en tiempos acelerados. A su vez, estos problemas han desplazado poblaciones enteras que vivían y consumían algunos de esos recursos naturales pues no han recibido ni si quiera una remuneración o una reparación a sus territorios. La IA tiene un impacto medioambiental no menor que genera otros problemas relacionados con el cambio climático, migraciones humanas y contaminación de recursos que tardarán años en renovarse o que nunca lo harán.

La migración

Un segundo problema es el de las migraciones humanas que se despliega en dos: por un lado, están las tasas de desempleo que van creciendo cada vez más en países en donde la IA es el fin y no el medio y que ha ocupado ya numerosas plazas en las grandes industrias que operan con procesos automatizados o con asistentes virtuales dejar fuera a las personas que en ellas trabajan. Las personas quedan entonces obligadas a migrar en busca de nuevas oportunidades o unirse a redes de tráfico de personas, armas o drogas para poder subsistir.

Aunque migren internamente en sus propios países, el drama de la migración es, como afirmó el dicasterio para la Doctrina de la Fe en Dignitas Infinita, un daño grave a la dignidad humana.

Por otro lado, están las migraciones por cambio climático que también puede ser por desastres naturales como inundaciones, sequías, incendios, cambios de ecosistemas, etc. o bien porque los territorios y su geografía natural se ha visto alterada de maneras irreconocibles por la actividad extractivista, las deforestaciones provocadas, la contaminación de ríos, lagos y océanos, la construcción de nuevos usos de suelo, etc.

Existen herramientas de IA que calculan los nuevos corredores migratorios sólo en función de qué sistemas de IA se están desarrollando en cada punto de nuestro mundo. Nadie, pro-principio, tendría que salir de sus lugares de origen, hacerlo sin que la salida sea voluntaria, es un atentado que debe ser denunciado y preguntarnos por qué lo hacen, sólo apenas un balbuceo para atacar las causas.

Además, hay que decir que, en su recorrido, los migrante s quedan expuestos a incontables peligros desde riesgos físicos y a su integridad como a efectos traumáticos severos que dañan su psique de formas muy violentas. La migración, es, sin duda, un problema bioético que merece atención y reflexión comunitaria.

Demanda de producción de medicinas

Un tercer tema que quiero abordar aquí es la creciente demanda de producción de medicinas por parte de las industrias farmacéuticas, así como el veloz desarrollo de nuevas tecnologías y biotecnologías cuyos costos de venta son impagables y que dejan fuera a las poblaciones que no tiene recursos para pagar convirtiendo lo que debiera ser un derecho en una mercancía.

La IA puede ser altamente beneficiosa para el descubrimiento de nuevas curas y tratamientos, pero esto no servirá de nada si se ensanchan las barreras de acceso universal a la salud. Reorientar los fines y buscar un esquema de beneficios justos tanto para los científicos, investigadoras, casas farmacéuticas o industrias de producción de materiales biocompatibles, así como para los pacientes que pueden beneficiarse, más que ser una opción, es una obligación que apela a la digna humanidad de todos por igual.

Si seguimos constatando cómo la población mundial padece hambre y desnutrición, si se siguen propagando enfermedades que ya estaban erradicadas o, al menos, controladas, si siguen estallando conflictos bélicos más que por generar un daño a un país, por echar a andar la economía a través de la producción de armas que, ahora con IA, serán más precisas —y dañinas— la interrelación entre todos no está dando su fruto esperado porque cuando somos conscientes de la interconexión de realidades como el papa Francisco nos enseñó en Laudato Si y cuando nos damos cuenta que el espacio que habitamos es uno solo y lo compartimos entre todos, sin quedar exentos de sus amenazas y estallidos, comprendemos que la IA es un bien puesto a  nuestra disposición para tender más puentes y derribar más muros.

Sólo así, la IA podrá defender valores como la vida, la dignidad, la justicia, el bien común, la paz, destino universal de los bienes y la participación.

La autora es fundadora y consultora en SECOBIE (Servicio de consultoría en bioética y ética clínica), una empresa que acompaña a pacientes, familiares y profesionales de la salud en la resolución de dilemas éticos y bioéticos.

Imagen de 108Casual en Pixabay

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 14 de junio de 2026 No. 1614