Por Martha Morales
Si nuestra vida se tambalea debemos saber dónde apoyarnos, dónde radica el amor verdadero, dónde podemos tomar la fortaleza y la paz. Jesús elige a sus colaboradores y trabaja en equipo. Quiere que adquiramos su manera de pensar, de vivir y de relacionarse con los demás. Jesús confía en nosotros y nos dice: “Vayan y hagan discípulos a toda la gente”.
Jesús iba a la sinagoga, donde se lee y medita la Palabra de Dios. Visita la casa de sus amigos, cura a la suegra de Pedro, así nos levanta también ahora. Va a la puerta de la ciudad, donde se impartía la justicia y termina el día haciendo oración, hablando con su Padre.
Jesús enseña las cinco relaciones que debe tener su discípulo. Consigo mismo, que haya conocimiento propio, conocer nuestras áreas de oportunidad; con el Padre; con Jesús como Maestro, que enseña a entender nuestra misión; con el Espíritu Santo y con los demás.
El mayor obstáculo para amar a los demás somos nosotros mismos; dice un dicho: “Lo que te choca es lo que te checa”, lo que te molesta en los demás, quizás es de lo mismo que padeces. Hay que valorarnos en nuestro justo nivel. Tenemos una historia única, somos el resultado de esa historia, por eso tenemos talentos diferentes: unos recibidos y otros adquiridos.
Tenemos talentos y límites, Dios cuenta con ellos y desea que tengamos metas altas, ideales. Hay que concebirnos como una tarea en la que no estamos solos, Jesús siempre nos acompaña. Falta que yo busque una tierna, amorosa, ¡cercana! Dile: “Quiero conocerte como Tú quieres que te conozca, méteme en la vida intratrinitaria. Gracias porque me amas como ninguna criatura es capaz de amar. Cubre con tu Sangre las heridas de mi alma”. A nuestro Señor y a la Virgen no les son extrañas nuestras tribulaciones, nuestras cargas, nuestras cruces, porque ellos ya las llevaron.
El Maestro es la roca firme. Al escuchar su voz podemos ayudarnos a nosotros mismos y a otros. Jesús contó con los Doce, ellos se fueron a predicar sin nada porque confiaban en Jesús. El discípulo conoce al Señor, lo mira y lo sigue en todos sus pasos. Su cartilla de identificación es seguir el plan de Jesús, como Carlo Acutis, que decía: “Mi plan de vida es la unión con Jesús”.
Jesús nos pide ser fieles a su Palabra. El discípulo obedece al Maestro. Los seguidores de Jesús se dejan guiar por el Espíritu Santo. Ser amigos de Jesús nos lleva a sentirnos hermanos, solidarios, a conmovernos ante el necesitado. Cuando Carlo Acutis era niño, vio a un indigente en la calle, fue con su mamá y preguntó: “¿podríamos comprarle una bolsa de dormir?”. Su mamá asintió, aprendía de su hijo. El amor debería ser la clave de identidad de discípulos de Jesús.

