Por P. Fernando Pascual

El prólogo de la encíclica Magnifica humanitas (abreviada aquí como MH), publicada en mayo de 2026 por el Papa León XIV, contrapone dos modelos de esfuerzo humano: el de la torre de Babel, y el de los judíos en tiempo de Nehemías.

El relato de la torre de Babel nos habla de un esfuerzo humano por construir un mundo mejor dejando de lado a Dios. Así lo describe el Papa:

“Los seres humanos, habiéndose establecido en la llanura de Senaar, deciden construir una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo (Gn 11,4). Quieren así asegurarse estabilidad y poder, y sobre todo perpetuarse un nombre, temiendo ser dispersados por la tierra. […] Sin embargo, el proyecto esconde un profundo engaño: es una obra concebida sin referencia a Dios, sustentada por una uniformidad que elimina la diversidad y que, en lugar de la comunión, elige la homogeneización” (MH, n. 7; cf. n. 90).

Conocemos el resultado de ese esfuerzo prometeico basado en el orgullo: un completo fracaso. Los hombres dejan de comprenderse, se pierde la unidad y se avanza hacia la dispersión. La enseñanza es clara: “Babel revela así el límite de toda construcción que, por grandiosa que sea, surge de la absolutización de lo humano y de su pretensión de autosuficiencia, sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia y aspira a alcanzar el cielo sin la bendición de Dios” (MH, n. 7).

En el libro de Nehemías se narra la reconstrucción de Jerusalén con una perspectiva totalmente distinta: todo el esfuerzo surge desde la mirada puesta en Dios. Nehemías reza, observa la situación, habla con el rey. Luego acude a la gente:

“Convoca a las familias, confía a cada una un tramo de muralla para reconstruir, escucha los temores, coordina los esfuerzos y hace frente a las oposiciones. El relato muestra cómo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo: sacerdotes, artesanos, jefes de familia, mujeres y jóvenes” (MH, n. 8).

La gran diferencia respecto de Babel es que ahora Dios ocupa un lugar céntrico, lo cual permite reconstruir los lazos de comunión entre las personas: la armonía surge “cuando cada uno asume su parte y todo el pueblo reconoce que su fuerza viene del Señor” (MH, n. 7; cf. nn. 241-242, en la conclusión, cuando se vuelve a recordar la historia de Nehemías).

A la luz de estos relatos, el Papa León XIV identifica dos paradigmas contrapuestos que surgen desde las elecciones humanas: “Por eso, la primera elección no es entre un sí o un no a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén: entre un poder que pretende dominar el cielo y un pueblo que, en presencia de Dios, se pone a trabajar unido para levantar de nuevo las murallas de la convivencia fraterna” (MH, n. 9).

Frente a estos paradigmas o alternativas, la encíclica invita a evitar el “síndrome de Babel” y a escoger el “camino de Nehemías” (MH, n. 10; cf. n. 16). Lo hace precisamente ante los desafíos de nuestro tiempo, entre los que ocupa un lugar paradigmático el desarrollo de la así llamada “inteligencia artificial”. Así será posible, como se dice al final de la introducción, detener “la construcción de la enésima Babel”, y las fuerzas se unirán “para edificar en el bien, para que la humanidad nunca pierda su propia belleza y el mundo pueda reconocer una vez más, en el corazón del ser humano, el lugar donde Dios desea habitar” (MH, n. 16).

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