Por El Observador
Ya se cumplieron cuatro años del asesinato de los sacerdotes jesuitas en la sierra Tarahumara, por lo que la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) respaldó la exigencia social de contar con candidatos y candidatas a puestos de elección popular sin vínculos con la criminalidad.
La integridad a toda prueba de quienes aspiran a ser votados y ganar es una condición fundamental para construir la paz y tener autoridades libres que pongan “límites a los grupos delictivos dentro y fuera de las instituciones”, destacaron los obispos católicos de México en un pronunciamiento.
“Estos cuatro años hemos aprendido que el gran reto es construir una comunidad responsable y participativa, capaz de decidir su propio destino. La violencia encierra a las personas e inhibe la participación social, favoreciendo la imposición de proyectos e ideas criminales. El proceso de construir la paz implica salir al encuentro de los demás para sanar, participar y tener un criterio propio. El camino de la paz se construye de manera comunitaria con la gran diversidad de actores sociales”.
Las autoridades eclesiales saben que construir hoy la paz implica sanar la herida de los desaparecidos, pensar en la juventud abandonada e imaginar la institucionalidad que México necesita. Esa herida, dicen, “se sana con verdad, con voluntad política y reparación del daño. Esos jóvenes se incluyen con atención a sus necesidades y la creación de redes de apoyo. Y esa institucionalidad se renueva con la participación ciudadana”.
También, son conscientes de que hay un reclamo social de ser más partícipes en las instancias que definen lo que somos y queremos. Por ello, para recuperar la paz se exige la creación de espacios de diálogo donde nos escuchemos y reconozcamos. “Si no cruzamos el camino del encuentro, será difícil recuperar la paz en nuestra familia, nuestro barrio o ciudad”.
[…] El Diálogo Nacional por la Paz sigue trabajando, cuatro años después, porque la paz no se construye en solitario. Nace cuando nos atrevemos a encontrarnos, a escuchar el dolor de quienes buscan a sus seres queridos, a abrir oportunidades para las juventudes y a participar en la construcción del país que anhelamos.
Hoy se recuerda a las víctimas de la violencia, pero al mismo tiempo se renueva el compromiso de sembrar esperanza, fortalecer la comunidad y hacer de la paz una tarea compartida.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 21 de junio de 2026 No. 1615
Imagen de studiokca0 en Pixabay

