Por Jaime Septién
En La hoguera de encinas, libro en el que André Malraux narra el último encuentro con el general De Gaulle, ya retirado y cerca de la muerte en su finca de campo, recuerda una frase que se me ha quedado grabada de por vida y que ahora aparece en la reciente visita pastoral del papa León XIV a España
En efecto, el Papa invitó a los españoles –siempre atribulados y “hechos polvo”—a “levantar la mirada”. Como los toros de Guisando del famoso poema de García Lorca sobre la muerte del torero Ignacio Sánchez Mejías, los peninsulares seguramente están “hartos de pisar la tierra”. Y el papa León, con inmensa sabiduría y no poca astucia, los invitó a mirar arriba, más allá, lejos, no para evadirse de la realidad (como piensan Marx y sus discípulos), sino para encontrar la esperanza fundamental de toda vida digna de ser vivida.
Es entonces cuando el “eslogan” del viaje papal conecta con la confidencia del general De Gaulle a Malraux (quien fuera su ministro de Cultura): “Cuando todo anda mal y uno va en busca de una decisión, hay que mirar hacia las cumbres, allí no hay obstáculos.” En España como en América Latina (desde luego en México) parece que todo anda patas para arriba. Como ciudadanos de este planeta, tenemos que tomar decisiones. Obstáculos hay miles, millones. Terribles piedras en el camino. Pero en el cielo todo se aclara. Con Cristo las rocas palidecen y los estragos cotidianos saben a prueba, a fortaleza, tienen sentido. También en el terreno político. Tanto que un Congreso como el español, plagado de ideólogos recalcitrantes, no tuvieron más remedio sus señorías que tributarle al Papa siete minutos de aplausos unánimes.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 21 de junio de 2026 No. 1615

