El Observador Redacción
Recientemente se conmemoró el Día Internacional de los Niños Inocentes Víctimas de Agresión (4 de junio), establecido por la ONU en 1982. En esta jornada se reconoce el dolor de la infancia en todo el mundo, especialmente de aquellos niños que sufren a causa de las guerras provocadas por conflictos internacionales o por la violencia de grupos delictivos como los cárteles de la droga.
Para ilustrar la gravedad de esta situación, basta con recordar lo que ocurrió el 28 de febrero pasado, donde al menos 150 niños y niñas, de entre siete y doce años, asistían a la escuela primaria Shajareh Tayyebeh en Minab, en la provincia sureña de Hormozgan, Irán, y murieron en ataques militares perpetrados por Estados Unidos e Israel contra Irán.
Mientras que en México, Gael y Alexander murieron durante un presunto intento de robo de vehículo en Culiacán; Alexa y Leidy, agredidas “por confusión” por el Ejército Mexicano en Badiraguato; asimismo, Regina recibió una “bala perdida” en medio de un tiroteo en Navolato.
Como ellos, en el estado de Sinaloa han asesinado a más de 100 niñas, niños y adolescentes durante los últimos 17 meses, a partir de septiembre de 2024, periodo en el que estalló y se ha mantenido una rencilla entre facciones del Cártel de Sinaloa, y la violencia se desbordó. En resumidas cuentas, los niños de México y de las zonas de conflicto de África y Medio Oriente lamentablemente tienen algo en común: los misiles y las balas han truncado su futuro y sus sueños.
La nueva dinámica de los conflictos
De acuerdo con el periodista italiano Guglielmo Gallone, del L’Osservatore Romano, esto se debe, en primer lugar, a que las grandes ciudades y las áreas metropolitanas se encuentran cada vez más en el centro de los conflictos, consideradas estratégicas por ser centros de poder político e infraestructura. En segundo lugar, se debe a que, en la era de las redes sociales y las imágenes, atacar ciudades genera un impacto inmediato, siembra el pánico y aumenta la presión política.
Por último, se debe a los drones, las armas guiadas a distancia que han transformado la forma de librar las guerras, ya que son baratos, difíciles de interceptar y cada vez más comunes. Sin embargo, y si bien en teoría se comercializan como sistemas capaces de realizar ataques precisos, cada vez con mayor frecuencia terminan cobrándose víctimas civiles.
Datos globales
A propósito de este panorama, Gallone hace un llamado a reflexionar sobre una cifra alarmante: 473 millones de niños, más de uno de cada seis en todo el mundo, viven actualmente en zonas afectadas por conflictos armados. Esta es la cifra más alta en décadas. Además, 47,2 millones de niños fueron desplazados por conflictos y violencia. De este modo, la proporción de niños que viven en zonas de guerra casi se ha duplicado: del 10% en la década de 1990 a aproximadamente el 19% en la actualidad.
Los datos más recientes disponibles de las Naciones Unidas corresponden a 2024, año que UNICEF define como “uno de los peores años para los niños afectados por conflictos”: en efecto, se registraron 41 mil 370 violaciones graves contra 22 mil 495 niños. Cabe mencionar que se consideran niños víctimas de violencia aquellos que han sido asesinados, mutilados, reclutados como combatientes, víctimas de violencia sexual, privados de ayuda humanitaria o atacados en escuelas y hospitales. Esta es, por tanto, la cifra más alta jamás registrada.
Por otra parte, la guerra que se libra en México, relacionada con los cárteles de la droga —cuyas acciones del Estado mexicano para prevenir la privación de la vida de la infancia y adolescencia no han sido suficientes—, en un periodo de diez años (2015-2025) ha cobrado la vida de cerca de 27 mil menores.
Al respecto, los datos más recientes de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), integrada por más de 70 organizaciones, revelan que, tan solo de enero a septiembre de 2025, mil 627 personas de entre 0 y 17 años fueron víctimas de homicidio a nivel nacional. Del total de las víctimas, 363 eran mujeres y mil 264 hombres.
Cabe destacar que el número total de homicidios de niñas, niños y adolescentes reportados en el país de enero a septiembre de 2025 representaba una disminución de 10% con respecto a la cantidad registrada durante los mismos meses de 2024 (mil 807). No obstante, las entidades en las que se registraron más homicidios de personas de 0 a 17 años durante dicho periodo fueron Guanajuato, Michoacán y Jalisco. De hecho, uno de cada cuatro homicidios de niñas, niños y adolescentes registrados en el país tuvo lugar en estos tres estados.
Desde Gaza hasta el Líbano, pasando por Sudán y Ucrania
Mientras esto ocurre en América, al otro lado del mundo, en la Franja de Gaza, según UNICEF, desde que comenzó el conflicto en octubre de 2023, 21 mil niños han muerto, 45 mil han resultado heridos o mutilados, 56 mil han quedado huérfanos y un millón necesita asistencia humanitaria, apoyo psicológico y atención médica.
Una situación similar ocurre en Sudán, donde, según la misma organización, al menos 245 niños han muerto o resultado heridos en los primeros 90 días de 2026. En este país, que actualmente experimenta la crisis humanitaria más grave del mundo, un ataque a un centro para desplazados en Al Fasher, Darfur, en octubre de 2025, provocó la muerte de al menos 17 niños. Entre ellos, había un recién nacido de tan solo siete días. Siete días de vida.
¿Y qué pasa con Ucrania? Allí, la intensificación de los ataques rusos en los últimos días está teniendo consecuencias devastadoras para la población. El 1 de junio, los cuerpos de dos niños fueron hallados entre los escombros en Dnipro; uno de ellos tenía apenas tres años. Esto también se repite en el Líbano, donde a finales de mayo UNICEF informó que, en tan solo una semana, un promedio de 11 niños libaneses al día habían muerto o resultado heridos debido a la intensificación de los ataques israelíes. En consecuencia, en una sola semana se registraron 77 menores que fueron blanco de las Fuerzas Armadas israelíes.
En México, familias completas asesinadas
Volviendo al contexto nacional, según REDIM, la forma en que mueren los niños en los enfrentamientos armados en México ha ido cambiando. Entre 2007 y 2009 eran sobre todo “víctimas colaterales”, es decir, los niños morían por balas perdidas en combates entre grupos criminales o entre estos y las fuerzas del Estado.
Pero, a partir de 2010, se comenzaron a documentar ataques dirigidos a menores. Los blancos eran los hijos de policías o soldados, o bien, los hijos de personas vinculadas al crimen. Así, comenzaron las venganzas. Y después, hacia 2012, el panorama empeoró: ya no eran solo homicidios, sino también empezaron a mutilar cuerpos y a ejecutar asesinatos de familias completas, de los que se han visto muchos casos en los últimos años.
Los ataques directos y con violencia extrema contra menores es una forma del crimen organizado de generar terror. Desafortunadamente, de cada 100 casos donde las víctimas de delitos son niños, solo uno tiene una sentencia condenatoria.
Aunado a esto, cientos de familias se han visto obligadas a dejar sus hogares debido a los ataques de grupos criminales. El caso más reciente ocurrió en el estado de Guerrero, donde el grupo criminal “Los Ardillos” provocó incendios y lanzó explosivos desde drones, obligando a decenas de familias de comunidades indígenas a huir de la violencia. Tan solo en 2024 se registraron más de 28 mil personas desplazadas internas en México, quienes se vieron forzadas a abandonar su hogar o lugar de residencia habitual como medida de prevención o como consecuencia directa de la violencia generalizada, la conflictividad social o territorial, o por violaciones a los derechos humanos.
Dos periferias del mundo
Por si fuera poco, existen Mozambique y la República Democrática del Congo: dos regiones periféricas del mundo donde se cometen las peores atrocidades, inadvertidas para el resto del planeta. En Mozambique, la edad promedio es de 16 años y los menores representan más del 50% de la población. Sin embargo, debido a la insurgencia yihadista en la provincia norteña de Cabo Delgado y a la crisis política e institucional, 4.8 millones de personas necesitan asistencia humanitaria. De ellas, 3.4 millones son niños.
De manera alarmante, en agosto de 2025, una nueva ola de violencia en Cabo Delgado obligó a más de 30 mil niños a huir de sus hogares en tan solo quince días, provocando que muchos se separaran de sus familias.
En la República Democrática del Congo un destino similar les espera a millones de niños atrapados en uno de los conflictos más largos y olvidados del planeta. Según UNICEF, aproximadamente ocho millones de niños en el país necesitan asistencia humanitaria, mientras que cuatro millones viven actualmente en situación de desplazamiento interno debido a la devastadora violencia, especialmente en las provincias orientales de Kivu del Norte y Kivu del Sur.
Cómo hacer sonreír a los niños en tiempos de guerra
Puede parecer absurdo, pero ante esta realidad Guglielmo Gallone se pregunta: ¿Cómo es posible? ¿Cómo se puede seguir sonriendo cuando la guerra te ha arrebatado tu hogar, tu escuela, tus amigos o incluso a tus padres? ¿Cómo puede un niño seguir jugando, riendo e imaginando el futuro cuando todo a su alrededor habla de violencia y precariedad?
¿Cómo se puede hacer?
Para responder a esto, el periodista añade: “Le preguntamos a alguien cuyo trabajo consiste precisamente en eso: hacer reír a los niños en zonas de guerra. Su nombre es Marco Rodari, alias Il Pimpa, y lleva más de 15 años viajando a zonas de conflicto para llevar sonrisas a niños donde parece no haber espacio para nada”.
‘Hablamos de agresión física, eso es lo que mejor podemos comprender, cuando vemos a un niño que pierde una pierna o una extremidad en la guerra’, nos dice. ‘Y luego hablamos de la agresión emocional. Es la extinción del ser infantil. Ante la agresión, ante la violencia, los niños se retraen, dejan de ser niños. Lo más triste es que la agresión siempre la perpetran los adultos. Siempre son los adultos quienes atacan a los niños. Por eso, es fundamental inculcarles asombro, alegría y risa. Porque nuestro objetivo es uno solo: asegurar que puedan seguir siendo niños’”.
Paralelamente, otra forma de brindarles alegría es con ayuda humanitaria. Cáritas, a través de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, llevó en el mes de mayo alrededor de seis y media toneladas de ayuda a los desplazados de comunidades de la Montaña Baja, del municipio de Chilapa, estado de Guerrero, que a principios de mes se vieron obligados a dejar sus casas ante la violencia ocasionada por grupos criminales.
En conclusión
Si bien el acompañamiento o la ayuda material no pueden borrar completamente el dolor de dejar atrás la casa, los recuerdos y la tranquilidad de vivir en familia, estos gestos solidarios son, sin duda, un signo de fraternidad, cercanía y esperanza.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 14 de junio de 2026 No. 1614

