Por Miriam Apolinar

Iglesia, especialistas y organizaciones advierten que, entre los estadios, turismo y celebración, crece una preocupación silenciosa: la vulnerabilidad de miles de niñas, niños y adolescentes frente a redes de explotación.

Mientras México se prepara para recibir uno de los eventos deportivos más importantes del planeta, la Copa Mundial de la FIFA 2026, organizaciones civiles, especialistas, académicos y representantes de la Iglesia Católica han comenzado a encender una alerta que va mucho más allá del fútbol.

Detrás de la expectativa internacional, las inversiones millonarias, la promoción turística y la derrama económica que promete el Mundial, emerge una preocupación profunda: el posible incremento de delitos relacionados con la trata de personas, la explotación sexual infantil y diversas formas de violencia contra sectores vulnerables.

La advertencia no es nueva. A lo largo de las últimas décadas, organismos internacionales han documentado cómo los grandes eventos masivos suelen convertirse también en escenarios aprovechados por redes criminales dedicadas a la explotación humana. El aumento del flujo turístico, la movilidad internacional, la concentración de personas y la demanda clandestina generan condiciones que pueden facilitar delitos invisibles para gran parte de la sociedad.

México llega a esta cita mundialista cargando heridas sociales que agravan el panorama: violencia estructural, pobreza, desapariciones, crimen organizado, corrupción, migración forzada y una crisis persistente de protección a la infancia. Además, cabe agregar que nuestro país ocupa el segundo lugar a nivel mundial en turismo sexual, específicamente en la modalidad de explotación sexual infantil, siendo superado únicamente por Tailandia.

En este contexto, la Comisión para la Protección de Menores de la Arquidiócesis Primada de México emitió un pronunciamiento público donde manifiesta su “profunda preocupación” ante los riesgos que podrían incrementarse durante la Copa Mundial de la FIFA 2026.

El documento advierte sobre el peligro de la trata de personas, la explotación sexual y otras formas de violencia contra niñas, niños, adolescentes, mujeres, migrantes y personas en situación de vulnerabilidad.

“La dignidad humana no se compra, no se vende y no puede ser explotada. Toda persona, especialmente los niños y adolescentes, deben ser protegidos, cuidados y acompañados”, expresó la Comisión en su posicionamiento.

La declaración no se limita únicamente a un llamado religioso. Se trata de una advertencia social, ética y humanitaria que busca colocar en la conversación pública una realidad frecuentemente invisibilizada.

Un Mundial que también representa riesgos

México ocupa desde hace años una posición alarmante en distintos reportes internacionales relacionados con explotación sexual infantil y trata de personas. Diversas organizaciones civiles han señalado que el país enfrenta una combinación especialmente peligrosa: altos índices de impunidad, presencia del crimen organizado, corrupción institucional y profundas desigualdades sociales.

En entrevista para El Observador de la Actualidad, Adrián Rodríguez, director de la Comisión para la Protección de Menores de la Arquidiócesis Primada de México, explicó que la preocupación actual no busca generar miedo, sino conciencia social.

“Lo más importante en este momento es la prevención del abuso, de cualquier tipo de abuso dentro de la Iglesia, creando ambientes seguros”, afirmó.

Rodríguez explicó que la labor de la Comisión, impulsada tras el llamado realizado por el Papa Francisco en 2019 para que todas las arquidiócesis del mundo contaran con estructuras de protección de menores, se desarrolla bajo tres ejes fundamentales: prevención, atención de denuncias y acompañamiento a víctimas.

Sin embargo, insistió en que la problemática no puede reducirse únicamente al ámbito eclesial. “El abuso no solamente ocurre dentro de instituciones religiosas. Existe también en hogares, escuelas, espacios digitales y distintos entornos sociales. Por eso la prevención debe involucrar a toda la sociedad”, sostuvo.

Sus declaraciones cobran especial relevancia en un momento donde expertos alertan sobre nuevas formas de captación y manipulación de menores a través de redes sociales, plataformas digitales, videojuegos y aplicaciones de mensajería.

La infancia frente a nuevas formas de violencia

Uno de los puntos más delicados del pronunciamiento tiene que ver con la creciente vulnerabilidad digital de niñas, niños y adolescentes.

Especialistas en protección infantil han advertido que muchas redes de explotación ya no operan únicamente en calles o espacios físicos, sino a través de plataformas digitales donde el contacto inicial con las víctimas puede pasar desapercibido incluso para sus propias familias.

Falsas ofertas de empleo, promesas económicas, manipulación emocional, extorsión digital y engaños afectivos forman parte de los mecanismos de captación utilizados actualmente por redes criminales, advierte Adrián Rodríguez, quien alienta a las familias a estar más al pendiente de sus hijos, pues caen fácilmente este grupo vulnerable.

Y es que la problemática se vuelve todavía más grave en contextos marcados por abandono escolar, violencia intrafamiliar, migración, precariedad económica y ausencia de redes de protección.

“En muchas ocasiones, los menores no identifican que están siendo víctimas de manipulación hasta que ya existe un control emocional, económico o incluso físico sobre ellos, por eso aquí los padres y madres de familia deben estar más en contacto con sus hijos, para evitar extorsiones, secuestros o hasta desapariciones forzadas”, aconsejó el experto.

Por ello, la Comisión para la Protección de Menores insiste en que el Mundial 2026 debe representar también una oportunidad para fortalecer mecanismos de prevención y educación social.

Como Iglesia no podemos permanecer indiferentes

En su pronunciamiento oficial, la Comisión advirtió que “los grandes acontecimientos deportivos internacionales son una oportunidad para el encuentro, la convivencia y la fraternidad, pero también pueden ser aprovechados por redes criminales que operan mediante el engaño, la manipulación, la coerción y el abuso de personas vulnerables”.

Frente a este escenario, el organismo sostuvo con firmeza: “Como Iglesia no podemos permanecer indiferentes”. La declaración adquiere un peso particular en un país donde históricamente la violencia contra menores ha permanecido muchas veces atrapada entre el silencio, el miedo y la impunidad.

Rodríguez señaló que actualmente trabajan en programas de formación dirigidos a líderes juveniles, agentes pastorales, monaguillos y acompañantes vocacionales, además de proyectos de certificación y capacitación en prevención. Cabe señalar, que la preocupación no significa que el Mundial provoque automáticamente estos delitos, pero sí que puede ampliar condiciones aprovechadas por redes criminales ya existentes.

Asimismo, adelantó la realización de un Congreso Nacional de Prevención del Abuso Sexual, previsto para septiembre, donde participarán especialistas de áreas como psicología, medicina y educación. “Tendremos talleres muy prácticos en el área de prevención del abuso”, explicó.

La intención, añadió, es que todas las diócesis mexicanas cuenten con equipos especializados capaces de generar ambientes seguros y acompañar adecuadamente posibles casos de violencia o abuso.

“No podemos cerrar los ojos ante una realidad que ya existe. Sería ingenuo pensar que este tipo de fenómenos no podrían incrementarse con la llegada masiva de visitantes y con todo el movimiento económico y turístico que implica un Mundial”, señaló.

Un problema que exige corresponsabilidad

El pronunciamiento de la Arquidiócesis también hace un llamado directo a familias, instituciones educativas, medios de comunicación, sector turístico, autoridades y sociedad civil. “El combate a la trata de personas y a la explotación sexual exige corresponsabilidad, vigilancia comunitaria, información clara y compromiso decidido con la protección de la vida y la dignidad humana”, señala el documento.

La advertencia resulta especialmente significativa porque coloca sobre la mesa una discusión incómoda: el costo humano que puede esconderse detrás de los grandes espectáculos globales.

Mientras las campañas oficiales hablan de modernización, estadios, movilidad y turismo, especialistas insisten en que la conversación sobre seguridad no puede limitarse únicamente a logística o infraestructura. La verdadera seguridad también implica proteger a quienes históricamente han sido invisibles. Pues México enfrenta desde hace años una profunda crisis relacionada con violencia contra menores, desapariciones y trata de personas.

Porque detrás de las cifras económicas existen historias humanas. Niñas y niños que pueden ser captados por redes criminales. Adolescentes expuestos a violencia digital. Migrantes vulnerables ante sistemas de explotación. Mujeres atrapadas por contextos de pobreza y coerción.

Más allá del fútbol

La discusión abierta rumbo al Mundial 2026 revela una pregunta mucho más profunda sobre el país que México quiere mostrar ante el mundo.

¿Será solamente una vitrina internacional de modernidad y espectáculo?

¿O también una oportunidad para reconocer las heridas sociales que permanecen abiertas?

Las voces civiles, académicas y religiosas coinciden en algo esencial: la protección de la infancia no puede quedar fuera de la conversación pública.

Porque ningún evento deportivo, por importante que sea, puede justificar el silencio frente al sufrimiento humano.

México se prepara para recibir millones de visitantes, cámaras internacionales y atención global. Pero al mismo tiempo enfrenta el desafío de mirar de frente una realidad dolorosa que durante años ha permanecido normalizada.

El riesgo no está únicamente en lo que ocurra dentro de los estadios, sino fuera de ellos: en las calles, en internet, en redes clandestinas, en espacios donde la vulnerabilidad se convierte en mercancía.

La gran pregunta rumbo al Mundial no es solamente si México está listo para organizar una Copa del Mundo. La pregunta más urgente es si está preparado para proteger verdaderamente a su infancia.

Porque una nación no se mide únicamente por la magnitud de sus eventos internacionales, sino por la capacidad de defender la dignidad de quienes más necesitan cuidado. Y frente a una violencia que muchas veces avanza en silencio, cerrar los ojos también puede convertirse en una forma de complicidad.

Proteger la dignidad humana y prevenir la explotación sexual

¿Qué está en riesgo?

  • Trata de personas
  • Explotación sexual
  • Abuso infantil
  • Violencia contra niñas, niños y adolescentes

Datos que alertan

  • 1 de cada 3 víctimas de trata en el mundo son niñas, niños y adolescentes.
  • 70% de las víctimas de explotación sexual son mujeres y niñas.
  • México es considerado país de origen, tránsito y destino de trata de personas.
  • Eventos masivos requieren protocolos de protección y prevención.

¿Qué podemos hacer?

  • Estar atentos: Identificar y reportar situaciones sospechosas.
  • Proteger a la niñez: Acompañar y cuidar a niñas, niños y adolescentes.
  • Denunciar: Romper el silencio puede salvar vidas.
  • Promover la dignidad humana: La persona nunca debe ser tratada como mercancía.

 

Imagen de Philippe Fuchs en Pixabay

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 7 de junio de 2026 No. 1613