Por Miriam Apolinar
La emoción volvió a desbordarse en miles de hogares mexicanos luego de que la Selección Mexicana de Fútbol lograra una destacada clasificación a la siguiente fase de la Copa Mundial, consolidando un paso perfecto que encendió el entusiasmo colectivo y devolvió a la afición la esperanza de ver al combinado nacional avanzar con firmeza en la máxima justa del futbol internacional.
Con un desempeño sólido dentro del terreno de juego, disciplina táctica y un equipo que ha sabido responder en momentos clave, México consiguió un resultado que rápidamente se convirtió en motivo de celebración en plazas públicas, redes sociales y reuniones familiares. La euforia futbolera, una vez más, demostró la enorme capacidad que tiene este deporte para reunir al país entero alrededor de una misma pasión.
Ante este escenario, los obispos de México emitieron un mensaje en el que reconocieron el esfuerzo realizado por jugadores, cuerpo técnico y todas las personas que han contribuido a este importante logro deportivo.
“Reconocemos el logro de la Selección Nacional por su paso perfecto en la clasificación a la siguiente fase de la Copa Mundial. Felicitamos a los jugadores, al director técnico, al cuerpo técnico y a todas las personas que han contribuido a este logro que hoy llena de entusiasmo a millones de mexicanos”, expresaron.
Sin embargo, en medio de la alegría nacional, la Iglesia Católica en México hizo una reflexión que trasladó la mirada hacia una realidad mucho más profunda y dolorosa que atraviesa actualmente el país: la lucha incansable de las madres buscadoras.
Mientras el país celebra victorias deportivas y sueña con nuevos triunfos mundialistas, colectivos de madres continúan levantando la voz dentro y fuera del país para recordar una herida abierta que sigue sin sanar: la desaparición de miles de personas en territorio mexicano.
Los obispos señalaron que, como parte del pueblo mexicano, no pueden ignorar esa otra realidad que duele profundamente.
“Como mexicanos, compartimos los gozos y esperanzas, así como las tristezas y angustias de nuestro pueblo. No escapa a nuestra mirada el esfuerzo de las madres buscadoras por hacer visible durante los eventos del Mundial una herida que sangra en nuestro pueblo: sus hijos desaparecidos”.
El mensaje episcopal plantea un contraste poderoso: mientras millones celebran un gol, miles de familias siguen esperando noticias de un hijo, una hija, un hermano o un padre que un día desapareció sin dejar rastro.
La Iglesia recordó que existen otras causas que también deberían unir a la sociedad mexicana, especialmente aquellas relacionadas con la dignidad humana, la justicia y la protección de la vida.
“Con ellas quisiéramos gritar a todo México que también hay otros motivos que nos deben unir para mostrar nuestra humanidad y defender nuestra dignidad. Queremos familias completas celebrando a México y jóvenes que realicen sus sueños sin que peligren sus vidas”.
Más allá del espectáculo deportivo, el pronunciamiento destaca el valor simbólico del futbol como una experiencia capaz de enseñar principios fundamentales para la vida comunitaria.
“El deporte tiene la capacidad de reunir a personas de distintas edades, regiones e historias en torno a un mismo ideal. Esta competencia nos recuerda que la disciplina, el trabajo en equipo, la perseverancia y la confianza son valores que también necesitamos fortalecer como sociedad para afrontar los desafíos que vivimos como país”.
En un momento donde la alegría colectiva se hace visible en las calles, la Conferencia del Episcopado Mexicano hizo un llamado para que ese entusiasmo no se quede únicamente en la celebración pasajera, sino que se transforme en compromiso social y esperanza para quienes más sufren.
“Cuánto deseamos que la alegría expresada en las calles se traduzca en compromiso por México y en motivo de esperanza para los más vulnerables”.
Finalmente, el mensaje concluye recordando que tanto las alegrías como los sufrimientos de una nación forman parte de una misma realidad humana que exige empatía y solidaridad.
Encomendando a Nuestra Señora de Guadalupe a todos los pueblos de América, los obispos pidieron que prevalezcan la esperanza, la fraternidad y la paz, especialmente en tiempos donde México necesita tanto celebrar sus victorias como enfrentar con valentía sus heridas más profundas.
Porque mientras once jugadores defienden los colores nacionales dentro de una cancha, fuera de ella miles de madres siguen librando otro partido: el de encontrar a sus hijos y devolverles a sus familias aquello que nunca debió perderse, la certeza de saber dónde están sus seres queridos.

