Por P. Fernando Pascual

Unos señores comentan al sacerdote algo que les ha dejado confundidos. Estaban rezando el rosario mientras iban de viaje, y tuvieron un accidente. ¿Cómo permitió Dios precisamente eso mientras rezaban?

El sacerdote pensó, o quizá incluso dijo, que nunca había estudiado que el rosario era un seguro contra accidentes…

Sin juzgar al sacerdote sobre la oportunidad de su reacción, y sin ridiculizar a las personas que pensaban que un rosario podía prevenir accidentes, lo cierto es que muchas personas no entienden por qué les pasan ciertas cosas si vivían bien y si rezaban con frecuencia.

La oración es imprescindible para la vida de todo católico, pero los hechos de la vida ocurren por una trama compleja de acciones que no garantizan ningún resultado favorable para las próximas 24 horas.

Así, un hombre o una mujer pueden rezar con la esperanza de que llegará el trabajo deseado, o que se producirá una curación, o que se solucionarán los problemas en familia, pero lo que luego ocurra depende de muchos factores que no podemos controlar, y que tampoco Dios altera, a pesar de nuestras oraciones.

Además, Dios conoce mejor que nosotros lo que ahora nos puede ayudar, o lo que puede pasar sin que Él lo quiera pero porque lo permite, y por eso mientras rezamos pueden ocurrirnos hechos sorprendentes, algunos incluso muy difíciles de asimilar.

Es bueno rezar el rosario. Incluso es bueno rezarlo juntos mientras vamos por una carretera concurrida en ese coche que esperamos funcione correctamente. Pero rezar el rosario no nos exime de nuestros deberes como conductores, ni cambia las maniobras que hagan quienes tienen la mala costumbre de mirar el celular mientras tienen una mano en el volante.

Lo que luego ocurra, entre padrenuestros y avemarías, podrá ser difícil de comprender, sobre todo si en el accidente hubo heridos. Pero lo afrontaremos con esperanza si hemos sabido rezar desde una actitud de auténtica confianza filial en el Dios que dirige el mundo y que es, para cada uno de nosotros, un Padre bueno y consolador.