El cardenal Carlos Aguiar Retes, arzobispo de Ciudad de México comparte en una entrevista sobre la vida eclesial de México, y la misión de la Basílica Santa María de Guadalupe: “Nuestra responsabilidad pastoral es favorecer que toda peregrinación fortalezca su experiencia de fe”.

Por Johan Pacheco – Vatican News

“Guadalupe lo que hace es recordarnos, que ningún pueblo está condenado a la violencia o a la división”, expresa el cardenal Carlos Aguiar Retes, arzobispo de Ciudad de México en entrevista a Vatican News, compartiendo además sobre las realidades pastorales de su Iglesia local y las implicaciones de las reformas anunciadas recientemente en la Basílica Santa María de Guadalupe: “Considero indispensable recuperar una Iglesia con actitud misionera”.

  • La Iglesia mexicana, históricamente marcada por la presencia de la Virgen de Guadalupe, tiene un compromiso permanente con el anuncio del Evangelio. ¿Cuál es actualmente este compromiso a la luz de la realidad social de la nación?

El compromiso sigue siendo el mismo que Jesús confió a sus discípulos: anunciar el Evangelio. Lo que cambia son las circunstancias en las que debemos hacerlo y también la manera de salir al encuentro de las personas.

México vive realidades difíciles, como lo es la violencia, la pobreza, las familias que buscan a sus desaparecidos, la soledad y la desesperanza que experimentan muchos jóvenes. Ante ello, la tarea de la Iglesia es estar cerca, escuchar, acompañar, y ayudar a reconstruir los vínculos, que hacen posible la vida en comunidad.

Considero indispensable recuperar una Iglesia con actitud misionera, como nos indicó el Papa Francisco y nos lo ha confirmado el Papa León XIV.

Durante mucho tiempo, las personas llegaban espontáneamente a nuestras parroquias; hoy la realidad nos muestra que debemos salir a su encuentro, conocer sus dudas y acompañar sus necesidades.

Santa María de Guadalupe nos enseña precisamente esto. Ella no esperó a que Juan Diego llegara a buscarla. Salió a su encuentro, lo llamó por su nombre, escuchó su preocupación y le confió una misión. Este es un ejemplo concreto para la evangelización de nuestro tiempo.

  • En la Arquidiócesis de la Ciudad de México, con un gran porcentaje de fieles y realidades muy diversas, ¿cuál es el plan pastoral, que permita desarrollar un proceso misionero y sinodal ante las exigencias del mundo de hoy?

Es necesario precisar que la Ciudad de México tiene realidades muy complejas. No podemos considerar una sola manera de evangelizar una ciudad con tantas diversidades sociales, culturales y económicas.

Por eso hemos impulsado un proceso de escucha, que parte desde las propias comunidades, y que en nuestro caso, inició con una Visita Pastoral de dos años, y ha continuado con las asambleas parroquiales y la Asamblea Arquidiocesana.

Al mismo tiempo, estamos fortaleciendo los decanatos, y la participación de los laicos mediante enlaces que ayuden a conocer mejor la realidad de cada territorio.

Pretendemos que las estructuras pastorales estén cada vez más cerca de la vida de las personas, conocer sus preocupaciones, y descubrir experiencias de evangelización que están dando fruto, para compartirlas.

El camino nos debe llevar a generar un dinamismo misionero, e impulsar que cada parroquia se pregunte ¿a quiénes no estamos llegando?, ¿quiénes necesitan ser escuchados?, ¿qué debemos hacer de manera diferente para anunciar hoy a Jesucristo?

  • Un icono importante para México y para el mundo entero por su amplia devoción es la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, para la cual se han anunciado unos cambios y reestructuraciones. ¿De qué se trata y cuál es el objetivo de estas novedades?

La Basílica de Guadalupe ocupa un lugar muy especial en la vida de la Iglesia y en el corazón de millones de personas. Precisamente por la importancia de su misión, hemos considerado indispensable iniciar una etapa de renovación y fortalecimiento institucional.

Durante los últimos meses hemos realizado un proceso de revisión y escucha que nos ha permitido reconocer áreas de oportunidad en los procesos administrativos, operativos y pastorales.

Una institución, como la Basílica de Guadalupe, que recibe cada año a millones de peregrinos necesita estructuras capaces de responder adecuadamente a esta enorme realidad. Por eso buscamos distinguir con mayor claridad la misión pastoral de la operación administrativa, fortaleciendo ambas dimensiones.

No estamos cambiando la misión de la Basílica, buscamos más bien, que todo proceso administrativo y sus estructuras estén al servicio apropiado a su misión evangelizadora y de atención a los peregrinos.

Además, nos encontramos ante dos acontecimientos importantes. El más próximo es la conmemoración de los 50 años de la Nueva Basílica, y el segundo es el camino hacia los 500 años del Acontecimiento Guadalupano.

Para responder adecuadamente aprovecharemos lo que ha sucedido en los grandes santuarios del mundo, como la Basílicas de Santa María la Mayor, o la Basílica de San Pedro, en Roma.

Así asumiremos la responsabilidad de preparar a la Casita del Tepeyac para las próximas generaciones.

  • Teniendo en cuenta los millones de peregrinos que vienen cada año a la Basílica a visitar a la Virgen de Guadalupe, ¿cómo contribuirán estas reformas al bien espiritual y pastoral de los fieles?

La principal razón sin duda es ofrecer las mejores condiciones a los millones de peregrinos, que visitan la Casita de Nuestra Madre.

Nuestra responsabilidad pastoral es favorecer que toda peregrinación fortalezca su experiencia de fe, y tengan una mayor participación en los sacramentos, que participen en la Eucaristía, que puedan acercarse a la Confesión, y de esa manera descubrir que María siempre nos conduce al encuentro con Jesús.

La finalidad es propiciar, que después de estas peregrinaciones, el encuentro con María, ayude a comprender los problemas de la vida, y el cómo responder favorablemente a ellos. Porque el encuentro con Dios debe ayudarnos a descubrir la forma conveniente de atender nuestras responsabilidades familiares y sociales.

Para ello se necesita fortalecer la atención pastoral, y generar condiciones dentro y fuera de la Basílica, que permitan un mejor acompañamiento a los peregrinos y a los fieles.

  • Todo este camino, sin duda, nos lleva a la conmemoración del Acontecimiento Guadalupano. ¿Qué contempla el peregrinar hacia esta gran celebración?

Los 500 años del Acontecimiento Guadalupano no pueden reducirse a la organización de un enorme festejo. Sería muy poco para un acontecimiento que ha marcado profundamente la historia de México y de América.

En la Arquidiócesis deseamos vivir estos años un intenso camino pastoral, y para eso se ha creado una Comisión Arquidiocesana, que permita articular mejor el trabajo ya iniciado en cada Iglesia particular, con el trabajo de la Novena Intercontinental Guadalupana.

En este caminar, debemos preguntarnos ¿qué quiere decir hoy la Virgen de Guadalupe a nuestra gente?

El Acontecimiento Guadalupano sigue teniendo una enorme actualidad. Hace casi 500 años, María salió al encuentro de un hombre sencillo, reconoció su dignidad, escuchó su sufrimiento y lo convirtió en protagonista de una misión, que sigue siendo necesaria en nuestro tiempo.

Si logramos comprender nuevamente ese mensaje, los 500 años no serán solamente una conmemoración de algo que ocurrió en 1531, sino una enorme oportunidad para renovar nuestra manera de vivir el Evangelio.

  • El mensaje guadalupano podría también iluminar hoy la búsqueda de la paz, la justicia y el bien común. ¿Cuál es ese mensaje y cómo acogerlo como un signo de esperanza?

Hay una expresión de la Virgen de Guadalupe que todos los mexicanos conocemos: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”.

Pero debemos recordar que esas palabras fueron pronunciadas ante un hombre preocupado por la enfermedad de su tío. En este escenario, María escucha la preocupación de Juan Diego y lo ayuda a recuperar la esperanza.

La violencia en nuestros días, muchas veces comienza cuando dejamos de reconocer la dignidad del otro, cuando la persona se convierte en un número, en un enemigo o en alguien que podemos ignorar.

El mensaje de María de Guadalupe nos propone una forma distinta de relacionarnos. María llama a Juan Diego por su nombre, escucha su palabra y le confía una responsabilidad.

La paz también se construye así, reconociendo al otro, escuchándolo y haciéndolo partícipe de la construcción de ese bien común. Guadalupe lo que hace es recordarnos, que ningún pueblo está condenado a la violencia o a la división.

  • El Papa León XIV, en su encíclica Magnifica humanitas, nos recuerda que «la búsqueda del bien común es lo que da vida a un pueblo» (62). ¿Cree que en México aún falta compromiso para alcanzar ese bien común? ¿Cómo comprometernos para alcanzar ese bienestar que supere los males sociales —pobreza, violencia, desaparecidos, entre otros—?

Uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo es superar la tentación de pensar solamente en nosotros mismos.

El bien común exige comprender que mi bienestar está profundamente relacionado con el bienestar de los demás, y por lo tanto, no podemos acostumbrarnos, a que haya jóvenes sin esperanza o comunidades sometidas por la violencia, y pensar que esos problemas pertenecen solamente a quienes los padecen.

El Papa León XIV nos recuerda en su encíclica, Magnifica humanitas, que la dignidad humana debe estar en el centro de nuestras decisiones. Esto implica una responsabilidad de las autoridades, de las instituciones, de las empresas, de las comunidades y también de cada ciudadano.

En México necesitamos reconstruir la confianza y los vínculos comunitarios. La Iglesia puede contribuir generando espacios de encuentro, acompañando a quienes sufren, y ayudando a formar personas dispuestas a participar en la vida de su comunidad.

El bien común también se construye en la familia, en el barrio, en la parroquia, en mi trabajo, con los amigos. No debo esperar a que otros lo construyan solamente.

  • Finalmente, Eminencia, ¿qué mensaje desde la Ciudad de México nos ayudaría a los cristianos a ser más conscientes de nuestra misión evangélica, inspirados en las palabras de la Virgen en el Evangelio: «Hagan lo que Él les diga» (Jn 2, 5)

María siempre nos conduce a Jesucristo. Esa es su misión y ese también es el sentido del Acontecimiento Guadalupano.

Cuando en Caná, María dice: “Hagan lo que Él les diga”, nos invita a escuchar a Jesús y a confiar en Él. Los cristianos debemos volver a preguntarnos qué nos está pidiendo Jesús en este momento de la historia.

Nos pide salir al encuentro de quien está solo, trabajar por la paz, cuidar la dignidad de cada persona y trabajar por la unidad dentro y fuera de la Iglesia, como nos ha señalado el Papa León.

Santa María de Guadalupe nos enseña que Dios puede confiar una gran misión a una persona sencilla como Juan Diego, y así, también en nuestros días cada cristiano tiene una misión.

Mi mensaje sería ese: Escuchemos a María y hagamos lo que Jesús nos diga.