RECORDAR PARA NO REPETIR: A CIEN AÑOS DE LA CRISTIADA

Por P. Tomás de Híjar Ornelas

Al tiempo que se cumple el primer centenario de la promulgación, el 2 de julio de 1926, de las adiciones al Código Penal Federal en materia ‘de culto religioso y disciplina externa’, conocida mejor por el apellido materno de su artífice, Plutarco Elías Calles, y la reacción que trajo consigo desde la Santa Sede y los obispos la penalización de los transgresores a leyes creadas para descatolizar la cultura popular mexicana, la Carta Pastoral Colectiva de los obispos de México, que se publicó el 25 de julio siguiente, nos conviene tener a la vista como una provechosa fuente, la obra intitulada

Cristeros y agraristas en Jalisco

Se trata de una colección de cinco volúmenes y lectura obligada desde el año de su publicación, el 2003, para los necesitados de apagar en fuentes primarias fidedignas donde su sed de conocimiento e interpretación respecto a lo que pasó en México en el largo lapso que cubren los 150 años que van de 1857 a 1992, es decir, de la imposición de un derecho positivo que no pasó por las Cámaras a cambio de insertar una legislación anticlerical en la Constitución de 1857 primero, y antirreligiosa después, en la de 1917, y que dio lugar a una Carta Pastoral que impuso sobre sus pares con todo el peso de su ascendiente moral el arzobispo primado de México don José Mora y del Río, no obstante y que 25 de los 30 obispos residenciales del país consideraban que suspender el culto en todos los templos del país el día en que entraba en vigor la Ley Calles equivalía y poner en entredicho a 15 millones de católicos, y que eso era como convocar a la guerra civil en las peores condiciones a un pueblo de por sí proclive a la insumisión en los últimos largos años.

Es por eso que nos sirve aquí el título de una obra magna, a la que antecedió otra pequeña con el título provocador de Masones y cristeros en Jalisco, que también bajo el signo de El Colegio de México sirvió al abogado y académico tapatío Moisés González Navarro (1926-2015) para anticipar de modo puntual y directo su obra suprema tres años antes de que circulara en los cinco volúmenes que componen Cristeros y agraristas en Jalisco, pues con la crudeza enorme de los hechos y a la vuelta de 100 años, la historia le dio la razón a casi todos los mitrados, pues si la Ley Calles abrió la espita del gas de una estufa sin flama en el piloto, la Carta Colectiva de los obispos sirvió de chispa para hacer volar en los siguientes tres años la cocina de tal estufa, con todo y sus diversos ocupantes.

La secularización social del pueblo de México en dos etapas

En los cortos años que van de 1824 a 1857 la fe católica pasó de ser la oficial del estado mexicano a no tener cabida en ella. Pero de 1917 a 1992, para la Constitución Política no sólo dejó de serlo, sino que se volvió en algo menos que un tumor maligno que valía más no reconocer, pues en su afán por separar/someter la Iglesia al Estado el gobierno anticlerical hizo cuanto estuvo a su alcance para lograrlo.

Tal la cantera explora González Navarro en su obra de referencia para —dice Servando Ortoll—, “introducirnos a los años anteriores a la insurrección cristera” valiéndose de “un aluvión de documentos únicos y un gigantesco repertorio de fuentes secundarias”, con los que pone el dedo en la llaga respecto a lo que siempre fue un secreto a voces: la participación y presencia ininterrumpida de la masonería en los equipos de gobiernos que entre 1867 y 1967 tuvieron como una de sus principales metas limpiar incluso con plomo y pólvora todo lo que oliera a cera e incienso en la vida pública, provocando, desde el gobierno eclesiástico, en reacción a ello, negar a los adscritos a las logias masónicas los sacramentos incluso en su lecho de muerte, a menos que se retractaran formalmente de haberlo sido.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 12 de julio de 2026 No. 1618

Imagen de stephan de MARANTHI en Pixabay