31 AÑOS DE EL OBSERVADOR Y 100 DE LA CRISTIADA

Por Maité Urquiza Guzzy, directora adjunta y fundadora de El Observador

Hace cien años, en una decisión dolorosa, los templos en México fueron cerrados. Se suspendió el culto. Respuesta a la arbitraria Ley Calles que pretendía desaparecer de la vida pública de nuestro país a la Iglesia católica y vulneraba el principio fundamental de la libertad religiosa.

Con este acontecimiento principiaba la rebelión popular que después, por comparación con la cólera Aquiles al finalizar la guerra de diez años con los troyanos que en 15 mil 500 hexámetros narró Homero en La Ilíada, se llamó La Cristiada. Y no pudo haber sido un nombre más adecuado. Fue un alzamiento popular, un enojo colectivo. Como escribió el historiador michoacano don Luis González y González, para el pueblo la Iglesia es su madre y el Gobierno su padre. Un día vio a su padre borracho golpear a su madre… y se enojó.

Pocas veces en la historia humana se ha visto una represión tan cruel por parte del poder político. También, pocas veces se ha visto un valor tan grave de hombres (ahí están los 25 mártires, 22 sacerdotes y tres laicos canonizados por San Juan Pablo II), mujeres (como las del Batallón Santa Juana de Arco) y de niños (con la figura de San José Sánchez del Río, canonizado por el papa Francisco). Un valor cuyas únicas armas fueron el amor a Cristo Rey del Universo y a su santísima madre en su advocación de María de Guadalupe.

En este 31 aniversario de El Observador hemos decidido conjuntar tanto la alegría con el recuerdo de un acontecimiento que ha marcado profundamente la vida de la Iglesia y del pueblo fiel de México. La alegría porque, contra viento y marea, llegamos a 1,619 números que ya forman una pequeña vela encendida en la conciencia católica de nuestros lectores. El recuerdo de La Cristiada para no olvidarla. De hecho, el título de los artículos que estamos publicando en nuestras páginas es, justamente, “recordar para no repetir” propuesto por el doctor Jean Meyer.

Antes de presentar a quienes integran la mesa redonda de esta tarde, quiero dar las gracias a todos ustedes por estar aquí en este día tan especial para la familia de El Observador. Permítanme hacerlo de manera colectiva para no alargar más esta charla. Sin embargo, no quiero dejar pasar nuestro agradecimiento sincero, nuestro reconocimiento absoluto a quien ha sido mentor, maestro, animador y padre espiritual, don Mario De Gasperín.

Dicho lo anterior, presento al doctor Rafael Estrada Michel. Abogado por la Escuela Libre de Derecho, profesor en esa misma Escuela y en la Universidad Autónoma de México. Director General de la revista Tiempo de derechos y coordinador académico del Instituto de Ciencia Jurídica de la Fundación Aguirre, Azuela, Chávez y Jáuregui pro Derechos Humanos. Además, y para honra nuestra, miembro del Consejo Consultivo de El Observador.

Comentarán su conferencia el periodista Javier Rodríguez Labastida, director de Comunicación Social de la Arquidiócesis Primada de México y director de Desde la Fe, así como otro de los grandes pilares de la difusión de El Observador tanto como del acontecimiento guadalupano, nuestro querido padre Prisciliano Hernández Chávez.

Dejo la palabra al moderador de esta mesa, Jaime Septién, no sin antes avisarles que al final del conversatorio están cordialmente invitados a brindar por El Observador. ¡Larga vida a nuestro semanario y gracias a Dios y a ustedes por hacerlo realidad!

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 26 de julio de 2026 No. 1620