Por El Observador
En estos días cobró relevancia El Coyul, una localidad de población predominantemente ñuu savi (mixteca) ubicada en el municipio de Cochoapa el Grande, en la región de La Montaña de Guerrero, debido a la emotiva ceremonia de graduación de un niño llamado Javier, quien fue el único alumno egresado del kínder comunitario “Niños Héroes”.
Incluso en redes sociales se viralizó el video de la graduación del menor, difundido a través de la página de Facebook “Vivencias con Ale” del profesor bilingüe Alejandro Guadalupe Felicito, originario del municipio de Ayutla, quien compartió el momento en que el pequeño Javier fue presentado ante los maestros que fungieron como padrinos de generación.
Pero el emotivo video, donde se ve a Javier bailar el vals con dos compañeras de otros grados y acompañado de su madre en un espacio decorado para él, revela una situación penosa de la región: las familias deben emigrar, ya sea por la violencia o por la extrema pobreza.
La marginación y el rezago educativo
La Montaña de Guerrero tiene uno de los mayores niveles de marginación en el país, con un rezago educativo superior al 33 %. La falta de empleos y de oportunidades, las carencias en servicios básicos y el hostigamiento del crimen organizado hacen que familias enteras se vayan a otros estados, sobre todo al norte, para trabajar en los campos agrícolas.
En el caso de la comunidad de El Coyul, su población es de apenas mil habitantes; todos hablan una lengua indígena, el 31.53 % es analfabeto y, en promedio, las personas de 15 años o más apenas tienen 2.57 años de estudios aprobados. En ningún hogar hay internet.
En 2025, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó su comunicado 118/25 sobre la pobreza multidimensional en México. Como parte de los resultados alcanzados, destacó la disminución de la pobreza en 8.3 millones de personas. Sin embargo, en el desglose de los datos, Guerrero aparece como el segundo estado con mayor pobreza y pobreza extrema; Chiapas es el primero y Oaxaca ocupa el tercer puesto. Lo característico de estos tres estados es que cuentan con un alto porcentaje de población indígena.
La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), que se encarga de medir la pobreza multidimensional, tomó en cuenta seis indicadores: rezago educativo, acceso a los servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación nutritiva y de calidad, además de considerar un ingreso inferior a las líneas de pobreza en los ámbitos rural y urbano. El estado de Guerrero presentó al 58.1 % de su población en situación de pobreza multidimensional; es decir, la mayoría de la población guerrerense tiene más de una carencia social.
En el ámbito de la pobreza extrema, Guerrero se encuentra en el segundo lugar, con un 21.3 % de su población afectada por más de tres carencias sociales. La comparación frente a los estados con menor porcentaje de población en situación de pobreza extrema es abismal: el caso de Baja California es del 0.4 %, el de Nuevo León es de 0.5 % y el de Aguascalientes es del 0.6 %. El INEGI señaló que, aunque en 2024 las carencias sociales disminuyeron, la población vulnerable por carencias sociales aumentó; es decir, que a pesar de que hubo personas que tuvieron mayores ingresos, estas siguen contando con una o más carencias en educación, salud, vivienda y seguridad social.
La tríada de Guerrero, Chiapas y Oaxaca se coloca en los primeros lugares en cuanto al rezago educativo, sobre todo en las zonas rurales donde el acceso a la educación siempre ha estado en total abandono. Además, el número de personas en esta situación aumentó de 30.7 millones en 2022 a 32.2 millones en 2024. La situación es alarmante porque hay serios retrocesos en el campo educativo de las regiones pobres y no se observa que se asigne un mayor presupuesto para revertir este atraso.
Respecto a los 8.3 millones de personas que salieron de la pobreza a nivel nacional, a la Montaña de Guerrero este mejoramiento aún no llega, porque la mayoría de las familias indígenas luchan día con día por su sobrevivencia. El costo de la canasta básica es superior a los salarios que se perciben, sobre todo en las comunidades indígenas donde no existen oportunidades de trabajo.
El analfabetismo es el flagelo que se extiende en toda La Montaña por la falta de maestros y maestras, así como por la carente infraestructura educativa. Las niñas y niños indígenas, en lugar de estudiar, se ven obligados a trabajar en el campo. A las niñas, por su parte, sus padres las obligan a casarse desde los 12 años.
La misión en La Montaña
En otras ediciones les hemos presentado la historia del misionero incansable, el padre Christopher Hartley. Para él no es nuevo el caso de Javier, porque conoce a muchos otros niños en su misma situación.
Desde hace algunos años, su labor pastoral está en Arroyo Prieto, otro municipio de Cochoapa el Grande que, al igual que El Coyul, enfrenta graves carencias y rezago educativo.
Para aminorar la deserción escolar, el sacerdote ha lanzado campañas para recolectar útiles, libros, pintura, zapatos, mochilas y mobiliario. La parroquia está tratando de colaborar con los maestros facilitándoles los materiales necesarios. Es por eso que promueve esta campaña tanto dentro como fuera del país para recolectar material escolar.
Ni el rezago educativo ni la falta de oportunidades en comunidades alejadas es algo nuevo en el país. La brecha no se acorta y mejorar esta situación es solo una promesa constante en campañas políticas que se renueva cada tres o seis años con intención de voto, pero sin una verdadera intención de cumplirse.
Brecha abismal en pobreza extrema
Mientras el norte y centro del país muestran cifras mínimas, el sur enfrenta una realidad crítica:
- Guerrero: 21.3%
- Aguascalientes: 0.6%
- Nuevo León: 0.5%
- Baja California: 0.4%
La crisis del rezago educativo
A nivel nacional, las carencias en educación van en aumento en las zonas rurales:
- 2022: 30.7 millones de personas en rezago.
- 2024: 32.2 millones de personas en rezago.
Consecuencia social: Ante la falta de infraestructura y maestros, los niños son obligados a trabajar en el campo y las niñas son forzadas a casarse desde los 12 años.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 19 de julio de 2026 No. 1619


