Por José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

Reflexión homilética 19 de julio de 2026

Domingo XVI del tiempo ordinario – ciclo A

En este domingo la liturgia destaca la importancia que tiene Dios en nuestra vida. Él es el único Señor que dirige la creación entera, obra de su poder.

Libro de la Sabiduría

Nos enseña que «fuera de ti no hay otro Dios al cuidado de todo». Solamente Dios, por su esencia, es capaz de justificar todas sus obras.

El poder de Dios es tan inconmensurable que solo Él puede otorgar su perdón a todos nosotros.

Preparémonos para vivir de tal forma que Dios nos justifique. Solo Él «tiene la dulce esperanza que aún en el pecado se produzca el arrepentimiento».

Salmo 85

«El Señor es bueno y clemente, rico en misericordia con los que le invocan».

Al Señor acudimos con nuestra simplicidad de corazón y le pedimos que escuche nuestras peticiones por su misericordia».

Es muy importante lo que viene a continuación:

«Tú, Señor, eres clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal».

A este único Dios pedimos compasión y misericordia.

San Pablo

En su Carta a los romanos, el Apóstol nos enseña que el Espíritu Santo «viene en ayuda de nuestra debilidad porque nosotros no sabemos pedir lo que conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables».

Muy importante es confiar en el Espíritu Santo porque Él aclara las peticiones de los hijos de Dios e intercede ante el Padre por todos nosotros.

Verso aleluyático

Una vez más se repite en este día que son los sencillos quienes consiguen conocer a Dios y pedirle con confianza:

«Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla».

  • Evangelio

Es importante meditar, en esta cita del Evangelio de San Mateo, cada una de las comparaciones que presenta Jesús para decirnos cómo es el reino de los cielos:

+ El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla y de noche el enemigo, sobre el mismo campo, sembró cizaña.

Los obreros preguntan: «¿quieres que vayamos a arrancarla?».

Pacientemente contesta el señor: No, porque pueden arrancar al mismo tiempo el brote bueno.

En ésta, como en las otras parábolas, veremos siempre la misericordia del Señor para con las personas que tengan fe.

+ Después de esta parábola, Jesús habla (aunque no haya obligación de leerlas en este domingo) del reino de los cielos que se parece a un grano de mostaza…

+ A continuación, el Señor compara el reino de los cielos con la levadura que una mujer amasa con tres medidas de harina y todo fermenta.

Cuando los discípulos se encuentran a solas con Jesús, en su casa, le piden explicaciones sobre la parábola de la cizaña.

Jesús, con detalle, les explica y el resumen está claro:

El sembrador es inmejorable, es Él mismo.

La semilla siempre es buena si la echa el Sembrador y, sin embargo, no falta gente en un campo bien dispuesto que quiere sembrar la mala semilla para estropear la cosecha.

Cuidemos entonces la semilla que Jesús ha puesto en nuestro corazón y «los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre».

 
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