Por Martha Morales

El cristianismo no es un moralismo. En el cristianismo Dios se nos da a conocer y pide un estilo propio de vida. La moral es la vida en Cristo. San Pablo dice: “Mi vida es Cristo”.

Dios llama a la conversión. La diferencia entre el cristianismo y la Nueva Era es que el cristianismo nos cambia la vida, mientras que la Nueva Era es compatible con cualquier estilo de vida, no pide conversión. En la Nueva Era se rechaza el concepto de pecado.

El liberalismo percibe al cristianismo con sospecha, lo ve como prohibiciones y mandatos, como le sucede a la gente joven. Un adolescente percibe la autoridad con sospecha, en su crisis le cuesta descubrir el amor que se esconde en las normas que sus padres le ponen. Más tarde se dará cuenta de la bondad de las reglas que le han puesto sus padres.

El concepto de Mandamiento no es una imposición. Dios es Verbo, es Palabra, se comunica, nos da a conocer su camino. Dios es un Padre que habla con el hijo personalmente, le anima, le exige, lo guía. Los mandamientos son un camino hacia la libertad. Dios cuida de sus hijos. Dios no quiere una obediencia de esclavos sin de hijos.

Un buen padre da buen ejemplo a sus hijos. “Si tus hijos no te escuchan, no te preocupes, te están viendo”, decía un sabio. Los Diez Mandamientos son, como las Bienaventuranzas, una radiografía de Jesucristo.

Jesús hace vida la Voluntad de Dios, hace falta que grabemos los mandamientos, la Voluntad de Dios, en nuestra vida.

El joven rico le pregunta a Jesús “¿qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?”. Jesús le contesta: “Cumple los mandamientos”. Ese deseo de plenitud es maravilloso.

Estamos llamados a descubrir los deseos del Corazón de Jesús, así viviremos en plenitud. Los Mandamientos son un trampolín que catapulta a la santidad. No es buen espíritu preguntar: “¿Esto es pecado”, es mejor preguntar: “¿Esto agrada a Dios?, ¿esto es lo que espera Dios de mí?”.

San Carlo Acutis dice: “Todos nacen como originales y mueren como fotocopias”. ¿Cuál es el proyecto de Dios para mí?

Hay unidad de los Diez Mandamientos, son inseparables, cada una de las diez palabras se condicionan mutuamente (cfr. CEC 2069). El Decálogo unifica la vida teologal y la vida social del hombre.

 
Imagen de Silvia en Pixabay