Por Jaime Septién
El título de esta columna proviene de una excelente antología del mismo nombre realizada por el profesor Enrique Bonete Perales, catedrático de Filosofía Moral en la Universidad de Salamanca. Uno de esos textos para tener cerca, leerlo con detenimiento, meditarlo a fondo, irlo recorriendo con la lentitud que merece la palabra de los “pocos sabios que en el mundo han sido” sobre un tema tan olvidado hoy: la conexión, casi se diría la simbiosis que hay entre la búsqueda de la felicidad y la moralidad.
Desde luego que esa conexión ha sido desmantelada por la piscología barata de la publicidad y por los arrebatos perversos de la ideología. El mensaje de ambas instancias es el siguiente: “para ser feliz despréndete de todo aquello que te ata, empezando por esa vieja y tonta noción de que tienes que ser bueno para ir al cielo; la Iglesia y sus entornos te han ido quitando tu libertad con esa traba inútil del pecado.”. Y de ahí a la inmoralidad con norma de la felicidad contemporánea hay un paso.
Con su investigación, el profesor Bonete pone las cosas en su justa dimensión (la contraria a la monserga actual). “No puede prometerse a nadie el conseguir la felicidad sin moralidad”, escribió Kant. En efecto, todos conocemos casos de individuos profundamente acomodados, ricos, exitosos e infelices. Siempre quieren más. Ese hueco es el que llena hacer el bien. “Se es feliz por la posesión del bien” hace decir Platón a Sócrates en El banquete. Y Spinoza revienta la “promesa” tanto del mercado como de los ideólogos: “La felicidad no es un premio que se otorga a la virtud, sino que es la virtud misma, y no gozamos de ella porque reprimamos nuestras concupiscencias, sino que, al contrario, podemos reprimir nuestras concupiscencias porque gozamos de ella.”
Desde luego Kant, Platón o Spinoza no serían parte de una campaña de promoción publicitaria ni política. Porque la felicidad no puede fincarse en la mentira. Y estas mienten hasta cuando dicen la verdad.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 5 de julio de 2026 No. 1617



