La importancia de frenar desde el inicio aquellas pasiones que pueden romper la serenidad y dificultar una vida orientada al bien.

Por P. Fernando Pascual

Al inicio de una discusión varias veces me he dejado arrastrar por la pasión. En esos momentos, no razoné correctamente, perdí el control de lo que decía, falté al respeto al otro, y terminamos con un enojo que duró varias horas (o incluso días).

Para evitar situaciones como la anterior, vale la pena un pequeño esfuerzo para cortar al inicio. Si sé que con esta persona o al tratar aquel argumento suelo perder el control, lo mejor es dejar a un lado el tema y así conservar la serenidad interior.

Lo que vale para las discusiones vale para muchas otras pasiones, como la gula, la envidia, la soberbia, la lujuria, la pereza. Antes de que el “monstruo” empiece a crecer, hay que darle una fuerte estocada y terminar con él cuanto antes.

Hay en el corazón humano una serie de mecanismos que nos arrastran a las pasiones cuando no hemos sabido cortarlas desde el inicio. Por eso una sana disciplina y una continua atención sobre nosotros mismos, unidas a una conciencia insobornable, hacen mucho más fácil la lucha contra pasiones desordenadas.

Hay momentos de cansancio en que sucumbimos. Quienes tienen pequeñas adicciones saben que no pueden concederse una pausa, por ejemplo cuando uno sabe que si empieza un juego online con la idea de que estará allí pocos minutos fácilmente quedará cautivo en ese juego horas y horas.

Desde luego, no basta un esfuerzo continuo por cortar y cortar, pues nos cansamos, y las tentaciones y los pecados buscan atajos para engañarnos. Lo más importante consiste en arraigar el corazón en Dios y orientar nuestras energías interiores, con la ayuda de la gracia, hacia tantas buenas acciones.

Empiezo un nuevo día. Se insinúa la idea de ver una página de Internet para conocer las novedades de la semana. Me doy cuenta de un cierto peligro: no solo veré novedades, sino que puedo naufragar en el mundo digital, y perder un tiempo precioso que puedo invertir en orar y en ayudar a otros.

Corto, desde el inicio, esa idea que acaba de insinuarse. Entonces descubro con alegría lo fácil que es evitar ciertas pasiones peligrosas, y lo hermoso que es vivir libres para crecer cada día en el amor a Dios y a los demás.

 
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