Las monjas ofrecieron la Eucaristía y pasaron la noche en oración mientras las llamas alcanzaban la aldea onubense. Al regresar brevemente, encontraron sin daños la casa provisional y el terreno donde se levantará Nuestra Señora de la Bondad de Dios. Advierten, sin embargo, que el incendio continúa activo y piden no dejar de rezar.
Por Ana Paula Morales (Poli)
La primera noticia había traído alivio: las llamas del incendio de Niebla se habían extendido por la aldea de Marigenta, en Huelva, España, pero no habían afectado el lugar donde viven las Hermanas de Belén. Sin embargo, horas después, durante la tarde del miércoles, la situación se complicó de nuevo. El fuego entró en la pequeña población y las monjas, evacuadas desde el sábado, comenzaron a recibir mensajes desesperados de los vecinos.
“Creíamos que todo estaba perdido”, relató la hermana Sol Miriam a El Observador de la Actualidad.
Las religiosas permanecían refugiadas en Huelva capital, cerca del Santuario de Nuestra Señora de la Cinta, patrona de la ciudad. Esta advocación mariana está estrechamente ligada a la historia colombina. Según la tradición onubense, durante el accidentado regreso de su primer viaje a América, Cristóbal Colón se encomendó a la Virgen de la Cinta cuando una fuerte tempestad amenazó a la carabela La Niña. Al llegar a Huelva acudió a su santuario y encendió un cirio en cumplimiento de su promesa.
Desde ese lugar, marcado por la memoria de aquella súplica en medio del peligro, las monjas siguieron a distancia el avance de un incendio impredecible que ya las había obligado a abandonar Marigenta con lo puesto.
Ante las noticias que llegaban de la aldea, hicieron lo que constituye el centro de su vocación contemplativa: rezar.
“Nos pusimos a rezar como locas. Ofrecimos la Eucaristía”, recordó la monja. Confiaron al Señor la aldea, sus vecinos y cuanto pudiera suceder. Al terminar la Misa, esperó para comunicar a la comunidad la gravedad de la situación. Después, las hermanas cantaron y oraron ante el Santísimo, nombrando en voz alta a las personas amenazadas y a quienes combatían las llamas.
Pidieron especialmente la intercesión de la Virgen de la Cinta y se acostaron sin saber qué encontrarían al día siguiente. Sol Miriam mantuvo el contacto con los vecinos mientras pudo, pero la noche terminó sin certezas.
“Todo está perfecto”
La respuesta llegó durante la mañana de este jueves. Imágenes enviadas desde Marigenta mostraban que, aunque las llamas habían penetrado en la aldea y se habían acercado nuevamente a la propiedad, la casa provisional de las hermanas y el terreno del futuro monasterio permanecían sin daños.
“Ha sido un milagro”, expresó Sol Miriam al comprobar que el fuego no había entrado en la zona ocupada por la comunidad.
Después de varios días solicitando autorización para volver por medicamentos y ropa —habían salido sin equipaje ante la urgencia de la evacuación—, dos hermanas pudieron desplazarse brevemente hasta Marigenta. La entrada no significó el levantamiento de la emergencia, sino un acceso puntual y autorizado para recoger lo indispensable.
“Hemos salido corriendo dos hermanas y hemos venido al monasterio. Acabo de hacer unas fotos para que las hermanas vean que todo está perfecto. Hemos cogido lo necesario y ya estamos saliendo de vuelta para Huelva”, explicó.
El hallazgo desató entre ellas una inmensa acción de gracias, pero también reforzó su preocupación por quienes continúan amenazados y por los equipos que llevan días trabajando sin descanso.
La emergencia no ha terminado
El incendio forestal se originó el 6 de agosto en el paraje de Raboconejo, en el término municipal de Niebla. Impulsado por las altas temperaturas, el viento y la sequedad del terreno, avanzó por distintos puntos de la provincia de Huelva y alcanzó también zonas de Sevilla.
Según el balance difundido este jueves por la agencia EFE, el fuego ha afectado más de 31 mil hectáreas. Desde el comienzo de la emergencia se ordenó el alejamiento preventivo de 718 personas —524 en Huelva y 194 en Sevilla—, aunque los avances en las labores de extinción permitieron ya el regreso de los primeros 60 vecinos. El operativo ronda los 800 efectivos, 761 de ellos desplegados por tierra, y cuenta con 258 medios materiales y hasta 33 aeronaves movilizadas.
EFE informó también que el sector noroeste, que comprende El Pozuelo, Marigenta y Berrocal, había quedado sin frente activo gracias al trabajo conjunto del Plan Infoca y la Unidad Militar de Emergencias. Las autoridades, sin embargo, pidieron mantener la prudencia ante las altas temperaturas, los cambios de viento y la posibilidad de reactivaciones.
La hermana Sol Miriam insistió en que la comunidad aún no puede considerar superado el peligro. El calor intenso y la posibilidad de nuevas reactivaciones mantienen la amenaza sobre Marigenta.
“Hay que seguir rezando, porque el fuego sigue ahí, a la puerta, y se puede reactivar por tercera vez en cualquier momento. No está fuera de peligro y el incendio sigue actuando por otras partes”, advirtió.
Mientras tanto, la Diócesis de Huelva informó que las parroquias y Cáritas están ofreciendo ayuda y acompañamiento a las familias desplazadas, en coordinación con las instituciones y entidades que trabajan sobre el terreno.
Un monasterio nacido para la oración
Las Hermanas de la Familia Monástica de Belén, de la Asunción de la Virgen María y de San Bruno llegaron a Marigenta en marzo de 2025 para iniciar una nueva fundación contemplativa en la diócesis de Huelva. Allí se construirá el Monasterio Nuestra Señora de la Bondad de Dios, llamado a convertirse en la sede número 32 de esta familia monástica.
Por ahora, las religiosas habitan en instalaciones provisionales mientras avanza el proyecto. Su carisma está centrado en la adoración a la Santísima Trinidad, la soledad, el silencio, la oración litúrgica, la lectio divina y el trabajo manual, bajo la espiritualidad recibida de San Bruno.
En medio de la emergencia, su acción de gracias no se limita a la preservación de su casa. Sol Miriam dirigió la mirada hacia bomberos, policías, militares, voluntarios y vecinos que enfrentan el incendio día y noche.
“Ojalá pudiéramos luchar contra el mal con la misma intensidad con la que estas personas, estos bomberos y estos policías, están luchando contra el fuego. Llevan muchísimos días sin dormir”, expresó.
Las hermanas regresaron a Huelva con los medicamentos, algo de ropa y las fotografías que confirmaban que su hogar seguía en pie. La alegría, sin embargo, permanece unida a la vigilancia y a la oración por todos los que todavía están en riesgo.
Del corazón de las monjas, afirmó Sol Miriam, brota un “Señor, gracias”. Al mismo tiempo, mantienen su oración intensa por las personas que continúan amenazadas, porque el incendio todavía no ha terminado.
