Por Cecilia Galatolo

¿Alguna vez has oído hablar de la “caja para desenchufar”? Yo, personalmente, no lo había escuchado hasta hace poco. Me encontraba en un evento diocesano en el centro de Italia, organizado para familias. Durante esta celebración, nos hablaron de una iniciativa, adoptada ya por algunas familias, para proteger las relaciones personales.

Se trata de crear un espacio en casa pensado para “dejar descansando los móviles” durante un periodo determinado, acordado entre los miembros de la familia (¿una hora? ¿dos horas? ¿una tarde completa a la semana?). Los teléfonos se colocan en una caja apagados —¡la tentación de hacer una excepción siempre está al acecho!— durante todo el tiempo estipulado.

¿El objetivo? Fomentar el diálogo, las miradas, la capacidad de interés y de conexión dentro del hogar.

No hay nada más desolador que sentirse solo o “aislado” estando rodeado de otras personas. Y si esas personas, además, son las más cercanas y queridas, ¿no es aún peor? ¿A quién no le ha pasado, incluso en lugares públicos, ver familias “distantes” debido al uso compulsivo, masivo y sin control de móviles o tabletas?

La tecnología moderna, en lugar de cumplir su papel de “conectar a las personas”, a veces se convierte en una barrera insalvable, obstaculizando las relaciones cotidianas.

¿Por qué una caja de desenchufar? ¿No basta con el autocontrol?

Tener un “lugar físico” donde colocar los teléfonos, con el propósito de no tomarlos antes de una hora determinada, favorece el silencio y, con ello, el diálogo. Contar con un lugar específico en casa para “silenciar y alejar físicamente” aquello que nos distrae nos permite actuar con intencionalidad y método. Nos volvemos conscientes y constantes en el esfuerzo de concentrarnos en nuestra “vida offline”.

¿Por qué usar una caja y hacerlo siempre a la misma hora? Porque todo hábito saludable necesita pasar por una rutina para consolidarse en nuestra vida o en la familia. Muchas veces, sin “normas” establecidas y guiadas por horarios, las buenas intenciones se quedan en eso: solo intenciones.

Los beneficios, sobre todo en el desarrollo emocional de los niños

Robin Nabi, profesora de comunicación en la Universidad de California, ha demostrado que mirar el móvil frecuentemente delante de los hijos puede tener un impacto negativo en el desarrollo de su inteligencia emocional, es decir, en “esas habilidades mentales que permiten a una persona reconocer, entender y manejar sus propios estados emocionales y los de los demás”.

Es importante que tomemos conciencia de que dejarnos absorber por las pantallas perjudica a los más pequeños, quienes se sienten relegados, como si fueran menos “merecedores de atención” que el contenido que nos absorbe.

Un cuidador absorto en la pantalla es percibido como distante

Cualquiera que esté a cargo de un niño (abuelos, tíos, niñeras) debe saber que el smartphone o la tableta pueden convertirse en una fuente de incomodidad para el pequeño. Nabi explica: “Las personas nacen con un cierto nivel de inteligencia emocional que varía entre individuos, pero que, en la vida, especialmente en la infancia, es una capacidad que se puede desarrollar. Hay personas que, por naturaleza, tienen una mayor sensibilidad para captar matices emocionales, y otras menos, pero todos pueden mejorar su nivel de inteligencia emocional, lo cual tiene un impacto relevante en la vida diaria, ya que implica saber manejar mejor las propias emociones, incluso la ansiedad y la ira, y comprender las emociones de los demás”. El uso constante del teléfono frente a los niños limita el desarrollo de estas habilidades emocionales.

Un tiempo solo y exclusivamente para nosotros, en familia

Si bien es impensable eliminar por completo el consumo tecnológico, y no necesariamente garantiza un mayor bienestar, es necesario establecer y seguir reglas de comportamiento. Por ejemplo, nada de móviles ni de televisión durante el almuerzo o la cena, visualizar contenido juntos cuando sea posible para compartir la experiencia. Y luego, ¿por qué no? Comprar o crear nuestra propia “caja de desenchufe” para los móviles. Será una señal clara y evidente de una toma de conciencia: que nuestros seres queridos están antes que nuestro teléfono.

Artículo publicado originalmente en familyandmedia.eu

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 2 de agosto de 2026 No. 1621