El padre Fredy Rante Taruk, director ejecutivo de Caritas Indonesia–KARINA, explica cómo la Iglesia movilizó parroquias, sacerdotes, religiosas y voluntarios de cuatro diócesis para atender a toda la población, sin distinción de credo.
Por Ana Paula Morales
Cuando la tierra comenzó a sacudirse en la isla indonesia de Flores, muchos habitantes huyeron hacia zonas altas por la alerta de tsunami. Después llegaron las réplicas, los derrumbes, los cortes de electricidad y una pregunta urgente: dónde pasar la noche sin exponerse a que una pared ya debilitada terminara por caer.
En medio de esa incertidumbre, parroquias, patios, casas diocesanas y otras instalaciones de la Iglesia católica se convirtieron en refugios. El padre Fredy Rante Taruk, director ejecutivo de Caritas Indonesia–KARINA, organismo humanitario oficial de la Conferencia Episcopal del país, explicó en entrevista con El Observador de la Actualidad que la movilización abarca la arquidiócesis de Ende y las diócesis de Maumere, Ruteng y Labuan Bajo.
“En una situación como esta, toda la Iglesia católica actúa al unísono”, señaló el sacerdote. Obispos, sacerdotes, religiosas, voluntarios y equipos parroquiales comenzaron a evaluar daños, distribuir ayuda y acompañar a las familias, en coordinación con las autoridades locales. La asistencia, subrayó, está destinada a todos los damnificados, independientemente de su origen o religión.
El terremoto ocurrió a las 4:58 de la madrugada del sábado 15 de agosto. De acuerdo con el informe de situación número 02 de Caritas Indonesia, la agencia meteorológica del país actualizó la magnitud a 7.7 y situó el hipocentro a 15 kilómetros de profundidad, unos 30 kilómetros al noreste de Mbay, en Nagekeo. El movimiento generó un tsunami confirmado en diez estaciones de monitoreo: la ola más alta alcanzó 0.94 metros en Maurole, Ende, y otra llegó a 0.54 metros en Bulukumba. La alerta permaneció activa durante dos horas y 33 minutos.
Las cifras fueron aumentando conforme los equipos alcanzaron comunidades incomunicadas. Reuters informó inicialmente de al menos 47 fallecidos; EFE elevó después el balance a 53 muertos, 137 heridos y más de 5,000 desplazados. La actualización más reciente de Associated Press, difundida este lunes, situó la tragedia en al menos 68 muertos, más de 200 heridos y alrededor de 1,300 viviendas dañadas. Miles de personas permanecían en refugios temporales.
El informe de Caritas, con corte a las 6:00 horas del 16 de agosto, consignó el balance preliminar de la agencia indonesia de desastres: 47 muertos, 101 heridos, 5,934 desplazados y 1,357 viviendas dañadas —914 de ellas de gravedad—. También registró afectaciones en 93 escuelas, 36 centros sanitarios y 38 oficinas públicas, así como 341 réplicas. Estas cifras corresponden a un corte anterior y no contradicen el balance posterior de AP.
La Plataforma de Coordinación Humanitaria de Indonesia, cuya actualización fue difundida por ReliefWeb, el servicio de información humanitaria de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), reportó que las autoridades declararon 14 días de respuesta de emergencia, del 15 al 28 de agosto. La ONU también recogió el tsunami y la continuidad de las réplicas en Flores y sus alrededores.
Templos dañados y hospitales bajo carpas
En la arquidiócesis de Ende, la evaluación preliminar de Caritas identificó daños en al menos 20 templos, especialmente en Nagekeo, una de las zonas que sufrió la sacudida con mayor intensidad. En Ndona se agrietó el salón parroquial y la iglesia quedó gravemente dañada; en la estación misionera de Lopijo, perteneciente a Aimere, la estructura se derrumbó. En Aeramo se abrió un puesto de atención con un espacio específico para adultos mayores.
En Maumere, los equipos católicos comenzaron a preparar agua potable, alimentos básicos, comidas listas para consumir, ropa de cama y kits de higiene para los evacuados de comunidades costeras. Caritas trabaja allí con la agencia regional de desastres y la Cruz Roja Indonesia. Aunque los hospitales continuaban prestando servicio, muchas familias tenían miedo de volver a sus casas y algunas pasaron la noche en el patio de la oficina del gobierno de Sikka.
En Ruteng, las réplicas obligaron a sacar a los pacientes del hospital regional. Caritas levantó carpas de emergencia para que pudieran seguir recibiendo atención. Más de 50 iglesias resultaron dañadas, entre ellas la catedral, y el obispo pidió suspender temporalmente las celebraciones dentro de los templos.
En Labuan Bajo, la respuesta se concentró en habilitar puestos humanitarios, conseguir materiales para refugios de emergencia y ofrecer apoyo psicosocial. La dispersión geográfica de las parroquias y las fallas de comunicación retrasaron el recuento; Caritas tenía informes preliminares de unas 150 viviendas afectadas, todavía sujetos a verificación.

Comida, medicinas y protección para los más vulnerables
La prioridad inmediata, indicó Caritas Indonesia, es proteger los derechos básicos de los damnificados, sobre todo de niños, ancianos, heridos y familias que perdieron su vivienda. Las Caritas diocesanas coordinan con los servicios de salud la instalación de puestos médicos y la entrega de medicinas y artículos esenciales.
“El mayor desafío durante la fase de emergencia es proporcionar las necesidades básicas, en particular alimentos y medicinas”, advirtió el padre Fredy. El informe enumera además tiendas de campaña, agua potable, cobijas, colchones, esterillas, almohadas y kits de higiene entre las necesidades más urgentes.
Caritas declaró la emergencia en nivel III, identificado con el color naranja, activó puestos humanitarios en las cuatro diócesis y destinó 100 millones de rupias indonesias —unos 6,100 dólares— a cada una para la primera respuesta. También desplegó a dos integrantes de su equipo especializado y abrió centros de acopio en Surabaya y Kupang, desde donde se enviarán donaciones a las zonas afectadas.
Mover la ayuda es uno de los mayores obstáculos. Reuters informó de carreteras bloqueadas por deslizamientos y comunicaciones interrumpidas cerca del epicentro. Según AP, aeronaves, militares y policías fueron movilizados mientras comunidades insulares y aldeas aisladas seguían esperando alimentos, agua, cobijas y atención médica.
La emergencia coincidió con el 81 aniversario de la independencia de Indonesia. Las celebraciones quedaron ensombrecidas por el luto y el presidente Prabowo Subianto encabezó un minuto de silencio por las víctimas. Para los habitantes de Flores, el temblor reavivó además el recuerdo del terremoto y tsunami de 1992, que causó alrededor de 2,500 muertes.
La respuesta se desarrolla bajo el lema “Una sola Iglesia, una sola respuesta”. “Este desastre nos llama a actuar desde el amor cristiano y la solidaridad”, afirmó el padre Fredy. Caritas, añadió, moviliza a todos los sectores de la Iglesia para colaborar, crear sinergias y responder con rapidez tanto a los fieles afectados como al conjunto de la comunidad.
Después vendrá la reconstrucción de viviendas, iglesias y espacios comunitarios. Hoy la urgencia es otra: repartir la ayuda con justicia y acompañar a las familias que pasan las noches bajo una carpa o en el patio de una parroquia.
Fuentes consultadas
- Associated Press, balance actualizado del 17 de agosto de 2026
- Reuters, informe del 15 de agosto de 2026
- EFE/EPA, réplica del 17 de agosto y balance previo
- ReliefWeb/OCHA, actualización humanitaria sobre Flores

