31 AÑOS DE EL OBSERVADOR Y 100 DE LA CRISTIADA

Por Mario De Gasperín Gasperín, obispo emérito de Querétaro y fundador de El Observador

¿Qué podría decir de los 31 años de El Observador en la vida diocesana? Pienso en las lecturas de la liturgia dominical, en las que hemos comenzado a repasar las parábolas de Jesús en el capítulo 13 de San Mateo.

Jesús amaba la figura del sembrador porque representa siempre un inicio: un inicio con dificultades, pero impregnado de esperanza. De las siete parábolas que reúne este evangelista, tres abordan este tema. Jesús se subió a una barca y comenzó a predicar pidiéndole a la multitud que lo escuchara. Imaginemos el bullicio del puerto, con los comerciantes y la gente del mar; todos esperaban que hablara de pesca, pero prefirió hablar del sembrador. Eso demuestra la enorme importancia que tenía para él esa imagen.

Jesús fue el único que empleó parábolas en el Evangelio. Ni San Pablo, ni el Libro de los Hechos de los Apóstoles, ni la Iglesia primitiva las utilizaron. Quizá hoy los sacerdotes también las usamos poco, pensando que son meros “cuentitos”. Sin embargo, son breves narraciones tomadas de la vida cotidiana y de las cosas más sencillas.

Salió un sembrador a sembrar: una parte de la semilla cayó en el camino, otra entre piedras y otra entre espinas. Parecía un rotundo fracaso. Sin embargo, el pequeño puñado que quedaba cayó en tierra buena y produjo una cosecha inmensa: al cien, al sesenta y al treinta por uno, cuando en aquel tiempo en Israel no se llegaba ni al quince por ciento. Fue un éxito total gracias a ese sembrar con fe y esperanza. Ese pequeño grupo de personas con corazón dispuesto hizo germinar unos pocos granos en una proporción inconmensurable.

Jesús recurría a las parábolas porque siempre guardan un desenlace inesperado: la Palabra de Dios sembrada con fe por un discípulo. ¿Comprenden hacia dónde va mi comparación? Eso ha sido El Observador para nosotros: una semilla que ha caído en tierra buena, en católicos que la acogieron en su corazón y la ven germinar.

Aunque somos un grupo pequeño y no ha sido un periódico aceptado o leído con interés por toda la comunidad, así funcionan Dios y sus obras: desde lo pequeño, con fe y en corazones generosos.

Gracias, Maité y Jaime, y gracias a todos los colaboradores por hacer de El Observador una parábola para nuestra Iglesia diocesana.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 26 de julio de 2026 No. 1620

Imagen de Nico Wall en Pixabay